La película ‘Sirat’, del director gallego Oliver Laxe, llevará la cultura de las raves a los Oscar. Su nominación a mejor película internacional y a mejor sonido pondrá la nota musical a un evento que está en las antípodas del movimiento que da vida a dicha película.
Que no cunda el pánico, no me ha poseído Carlos Boyero y no les voy a aturdir con una crítica cinematográfica. Ni lo pretendo ni me veo preparado para ello, y eso que sí la he visionado. Lo único que diré al respecto es que las he visto mejores y también peores.
Pero antes de que ‘Sirat’ suene en Los Ángeles, vamos a ir más cerca, por ejemplo, al pantano del Cenajo, en Albacete, para hablar de las raves. Y es que ese paraje ha sido el lugar elegido para la celebración de la fiesta ilegal ‘Big Fucking Party’, que comenzó el último día del año pasado y se prolongó durante varias jornadas. No se asusten, tampoco me ha poseído Joaquín Luqui y no voy a despellejar ni a alabar la música electrónica. Para mí, todos los tipos de música deben respetarse, te gusten o no, o te parezcan más o menos comerciales.
Pero donde sí voy a ser algo intransigente es en diferenciar entre lo legal y lo ilegal, ya que, si queremos desdibujar la diferencia existente entre estas dos realidades, todo lo que nos rodea está en peligro. Criticar la celebración de una rave ilegal no es estar en contra de la música electrónica. Y ojo, por mucho que algunos quieran confundirles, estas macrofiestas ilegales no están reconocidas por la Unesco, que sí ha incluido en su inventario de patrimonio cultural inmaterial a la cultura tecno berlinesa, que es muy diferente.
Lo siento, pero no entiendo cómo, en un país civilizado, más de mil vehículos se reúnen en un lugar acordado previamente para llevar a cabo una actividad ilegal y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no lo impiden. Lo más que hacen es poner controles en los accesos e intentar limitar que acudan más personas. La justificación de esta dejadez de funciones es que, si intentan disolver la macrofiesta, puede haber disturbios y daños personales. Evidentemente, la culpa no la tienen los uniformados, sino los que están al mando. Prueben ustedes a montar con sus amigos una fiesta en un parque público de cualquier localidad o en un descampado a las afueras, me da igual que sea escuchando a Bertín Osborne, Aitana o Extremoduro. A ver si lo entiendo, ¿la clave para salir indemne de un acto ilegal es que muchas personas lo cometan a la vez? Pues ya saben, a ver cuándo quedamos, porque se me ocurren infinidad de ilegalidades que podríamos cometer todos juntos.