Desde que a aquel cura de Piedrafita le sorprendieron en la parte mesada del pajar revolcándose con la feligresa y argumentó con gran tranquilidad que "la estoy consolando porque resulta que el gocho cogió las fiebres" y se quedó tan tranquilo... no se conoce otra tal.
Desde que a Ana Rosa Quintana la sorprendieron con un libro en ponía su nombre en las pastas pero ella no había escrito nada y argumentó con gran tranquilidad que "el ordenador me hizo cosas" y se quedó tan tranquila... no se conoce otra tal.
Ya se que estáis pensando que, puestos a elegir, la disculpa del cura de Piedrafita es mucho más verosímil, creíble, imaginativa y trágica, porque entre quedarte sin poder comer los chorizos de un gocho criado como se hizo toda la vida de dios, en una cubil con unas pajas tan suaves como las del pesebre de portal de Belén, o unas morcillas hechas con la sangre bien revuelta en el caldero y en el otro plato de la elección tener que quedarte sin poder leer ‘Sabor a hiel’ porque la escondieron para dejar solo lo que era de AR —y les quedó solamente la foto de la portada— está claro que no hay «ni comparanza», que dicen en las ferias de ganado.
Por eso, cuando estos días se van sucediendo por los foros públicos de la ciudad —y lo que se acerca, que hay elecciones— las disculpas diseñadas estratégicamente en sesudas reuniones de gabinetes para explicar porqué el tren de Matallana no llega a la estación de Matallanauno no puede por menos que echar de menos las imaginativas disculpas del cura de Piedrafita para explicar las situaciones embarazosas.
Porque si les diera por decir que van a hacer una cañada real para la trashumancia de las gallinas, creando un corredor libre de gripe aviar y con trampas para zorros de cuatro patas pues igual te da por creer que no pasa nada porque te dejen allí donde el Bar Robles de San Feliz, Carmen te da una cacha de madera de nogal y bajas arreando las gallinas... Pero el cuento de la catenaria, ome no me joder.