A Ferrando se le achacan todos los males de una racha con pocos precedentes en la historia del club.El equipo está atascado en el fango de su propia idea futbolística y es alarmante el estado de la plantilla en general. Ningún jugador mejora la versión de la primera vuelta lo que incide en la globalidad del problema.
Acháquenle al técnico el retroceso en el juego, las pocas alternativas si lo desean, pero permítanle que dé con la solución. No está siendo más que un fiel seguidor de la norma del club que tiene por bandera una particular filosofía de entender su crecimiento futbolístico. En las duras y en las maduras. Ferrando es el eslabón más débil de la cadena, pero su puesto debe ser innegociable.
Vive en la soledad del día a día, sin una figura ejecutiva que hable su mismo idioma. Observó en silencio el devenir del proceso de los fichajes que se saldó sin el necesitado delantero. Y del mercado llegaron tres jugadores lesionados que no han podido aún debutar. De hecho, a uno de ellos se le empieza a dar por perdido. Escucha de pasada como su jefe se reúne sin discreción con una numerosa facción del vestuario y, por si fuera poco, le colocan una cámara ¿oculta? en el descanso del partido más duro del año.
Pero no hay alternativas a Ferrando. No las ofrece la propia estructura interna y nadie en su sano juicio pensaría en traer un técnico externo en el mes de marzo a un equipo, no lo olviden, que está a un partido y medio del ‘playoff’.
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