Imagen Marina Díez

El feminismo empieza en una misma

31/01/2026
 Actualizado a 31/01/2026
Guardar

A menudo hablamos del feminismo como un movimiento colectivo, como una marea capaz de cambiar leyes, abrir debates y transformar sociedades. Y lo es. Pero antes de todo eso, antes incluso de salir a la calle con pancartas o de leer teorías, el feminismo empieza en un lugar mucho más íntimo: en una misma.

Empieza cuando nos miramos al espejo y dejamos de juzgarnos con los ojos del patriarcado. Cuando entendemos que nuestro cuerpo no tiene que pedir perdón ni permiso. Empieza en cada «no» que decimos sin sentirnos culpables, en cada vez que nos priorizamos sin miedo a que nos llamen egoístas.

También empieza cuando nos atrevemos a reconocer lo que queremos de verdad, aunque no encaje en lo esperado. Cuando elegimos estudiar lo que nos apasiona y no lo «conveniente». Cuando decidimos no ser madres, o sí serlo, pero a nuestra manera. Cuando cortamos con relaciones que duelen, aunque nos digan que mejor mal acompañada que sola.

El feminismo empieza en una misma porque la desigualdad no se rompe solo con grandes discursos, sino con gestos cotidianos: repartir tareas en casa, decir basta a un comentario machista, reclamar tiempo para nosotras sin sentir que robamos nada a nadie.

Y empieza también en los hombres que deciden soltar la coraza, aprender a cuidar, a escucharse y a escuchar. En quienes entienden que la igualdad no es perder, sino ganar humanidad.

El feminismo empieza en una misma, sí. Pero cuando muchas decidimos empezar a la vez, entonces se convierte en algo imparable. Una corriente que nos lleva más lejos de lo que nunca habríamos imaginado solas.

Porque cambiar el mundo suena enorme, pero empieza con algo tan sencillo –y tan difícil– como cambiar la forma en que nos tratamos a nosotras mismas.

Lo más leído