Empezar hablando de mi jubilación cuando quedan más de dos décadas (en el mejor escenario) para que llegue no sé si es más raro o pretencioso, pero la verdad es que la visualizo sin problemas y mucho tienen que cambiar las cosas para que cuando llegue el momento la atrase un solo día, y eso teniendo la inmensa suerte de ser alguien a quien le gusta lo que hace.
Aún así, reconozco que siento cierta envidia de cómo hasta el último día mi madre ha disfrutado trabajando, de poder vivir con la pasión con la que ella lo ha hecho toda su etapa laboral y de que además, aunque seguramente vaya relacionado, se le diera tan bien.
Esta semana, a meses de cumplir los 50 años desde que entró al hospital, le ha llegado el momento de jubilarse, aunque la verdad, si le sumaran todo el tiempo fuera del horario laboral que le ha dedicado, con las horas de más antes de marchar cada día y todos los trabajos y charlas que ha preparado, porque se apuntaba a un bombardeo, igual hacía una década que hubiera podido hacerlo.
Como también le pasará a ella, tengo sentimientos encontrados. Me alegro por razones obvias, me da pena porque sé que a ella también se la da. Aunque quienes más lo sentirán seguro serán sus pacientes, porque más allá de todos los premios que le han dado (pones su nombre y premio en Google y es un poco cansina, de verdad), de lo que más orgullo he sentido siempre ha sido de cómo le saludaban y hablaban aquellos pacientes o expacientes a los que yendo conmigo se encontraba, porque es lo que más dice de ella.
Aquí debo reconocer que he borrado un párrafo diciendo que cómo no me plantearía ser enfermero teniéndola en casa, porque las razones obvias de que veo sangre y no pueda mirar creo que lo resumen. Pero lo que sé seguro es que que nunca seré tan bueno en mi trabajo, hubiera elegido este u otro, como ella lo ha sido en el suyo. El listón está demasiado alto.
Ahora la toca descansar (más o menos, que ya cuenta cómo la quedan no sé cuántos cursos y charlas pendientes, que a mí me parece que eso ya es vicio), para desgracia de todos los que pasen a partir de ahora por diálisis y ya no la tengan. Ellos la echarán de menos, espero que ella el trabajo no tanto. ¡Feliz jubilación, mamá!