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La Extraviada

01/11/2025
 Actualizado a 01/11/2025
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Pálida,  enfundada en un amplio camisón blanco que oculta  sus delicadas formas, antaño disfrute y admiración de muchos, Violetta languidece  devorada por una fiebre tísica  en su lecho de dolor. Annina, su criada, la informa de que fuera, París entero, enloquece, por el Carnaval. “Entre tantos que se divierten ¡sabe Dios cuántos infelices sufren!” se lamenta la enferma. Reflexiones lúcidas hijas de una muerte proxima.

¡Qué lejanos quedan ahora  los brindis placenteros que escuchábamos al principio!  y que han sido   ejecutados por  una orquesta prisionera  en el foso bajo  una tupida red de seguridad que el responsable de la compañía ha juzgado  severamente al principio de la función: “en casi cuarenta años no hemos  visto algo semejante”. Pero el  celo protector no impide  que la música de Verdi reine  en un  Auditorio de Léon rebosante.

Gravedad frente a liviandad. La mente vaga  para  revisar los acontecimientos del día anterior en que nuestras aulas casi se vacían  por una huelga de extraviados. ¿Porque acaso no es estar perdido pretender ejercer un derecho de trabajador  cuando aún no lo eres? Y más irresponsable aún en el caso de los alumnos más pequeños de primero y segundo de ESO, autorizados por sus padres a faltar  a  clase. Si los niños y niñas dictan las normas caminamos hacia una sociedad extraviada. Demoledora y tétrica la causa de la movilización: “el suicidio  de una niña por acoso escolar”.

¿Que tu hijo se quede  en casa, quizá  jugando con el  móvil, u ojeando y comentando  los estados de sus compañeros   le va a devolver la vida a Sandra? ¿Eso va a frenar las oleadas de insultos que a menudo se fraguan en las redes sociales  para calentar  el ambiente y luego llevarlo  a las clases para estallar estrepitosamente  en los patios o a la salida del instituto?

Pero la música me atrapa de nuevo acallando pensamientos negativos. Llega Alfredo, el amante  que permanece fiel en la espera y abraza a Violetta fundiéndose con ella en un beso eterno que quiere  arrebatarla de  los brazos de la muerte. Pero la muerte no se extravía, siempre conoce bien su camino.
Una muerte que hoy protagoniza nuestro día de tumbas, flores y rezos. De memoria enterrada, pero no olvidada. De santos difuntos que poblaron nuestros días y hoy los protagonizan en su ausencia. 

 «Libiamo, amor,  fra’lieti  calici». Brindemos por el amor con alegres copas con La Traviata  y sus amigos: por los que nos precedieron, por nuestros alumnos y sus familias, por la música  y por nosotros, en un estallido de vida. 
 

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