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Extraña forma de vida

17/03/2026
 Actualizado a 17/03/2026
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El propio Enrique Vila-Matas declaró que encontró el título de su novela “Extraña forma de vida” en el aeropuerto de Lisboa al ver un disco con un fado de Amália Rodrigues que se llamaba “Estranha forma de vida”: “Me enamoró no exactamente el título sino la belleza de Amália. Y en mi ciudad encontré la historia que iba a contar: la de un barcelonés dividido entre dos amores y entre dos actividades parecidas, la de escritor y la de espía (…). Escribir es la única forma interesante de estar en el mundo, extraña forma de vida”.

Este mismo título es el de un documental que “recorre la trayectoria vital y profesional del escritor catalán Enrique Vila-Matas. Desde los inicios de su vocación artística, orientada primero hacia el cine, a su voluntad de constituirse en un escritor original y diferente, pasando por sus lecturas influyentes y los encuentros decisivos” (rtve play) y que refleja de manera bastante simpática cómo es en realidad este escritor, un personaje inventado por él mismo y que bien pudiera ser uno de los que protagonizan sus libros: y es que «cuando me he atrevido a hacer algo muy mío, me ha ido mejor (…) Yo entiendo que tengo que escribir aquello que nunca ha escrito nadie, diferente».

Su madre siempre le dice que está inventando historias, la primera a los doce años, una novela policiaca. A los 14, influenciado por Los cipreses creen en Dios, escribió La llamada de Dios que fue cuando recibió su primera crítica importante. En Fotogramas, como no sabía inglés, se inventaba las entrevistas; y, al no estar en la sociedad literaria, siempre estaba abriendo frentes, siendo su gran motor la incomprensión. En Varsovia descubre a un hijo natural de Lenin… Siempre le ocurren cosas. «Ese miedo al silencio mueve mucho toda mi escritura; de alguna manera tengo miedo al silencio que llega con la muerte, tengo miedo al silencio futuro; siempre me ha mantenido en vilo, vivo, para escribir, para hablar, para creer en la palabra, dentro de las limitaciones del lenguaje». Para escribir hay que «pasarlo muy bien. Yo escribo porque estoy feliz (…) Hay que tener fe en algo».

Se muestra contradictorio: en catalán nunca miente, en castellano escribe ficción. «Sí, pero como decía Walt Whitman, soy contradictorio, ¿y qué?». Le fascina la gente extravagante. Se nutre en su escritura también de lo que le ocurre: «Todo lo que me ocurre lo podría pasar por el tamiz de la escritura, todo es raro». En un libro donde se recoge conversaciones con André Gabastou, al contestar por la analogía entre escritura y espionaje, el propio Vilas declara: “Los escritores serios, digamos que todos los escritores verdaderos, llevan una extraña forma de vida”.

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