Aunque el golpe fue en julio, fue en agosto cuando comenzó España a agostarse, además de con la guerra fraticida, con la expatriación de muchas de las personas que representaban la varia intelectualidad de la nación y eran y servían de referencia moral, ética, artística y, repito, intelectual para la naciente, democrática y laica segunda República española que intentaba superar la España atrasada, beata, supersticiosa y caciquil y hacer un Estado de ciudadanos enesa libertad que Azaña decía que «no hace más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres». Este exilio exterior se vio incrementado con cientos de miles de españoles que se vieron obligados a huir de la larga victoria, que no paz declarada.
Pero a éste, hay por justicia y verdad que añadir los innúmeros casos de exilio interior que sufrió temerosa y largamente parte de la ciudadanía a la que no se tenía por «afecta al régimen» o a la «Cruzada» –cruzada de la que, por cierto, el general superlativo afirmaba en agosto de 1942 que era «(es) la única lucha en que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos» (vamos, como en la actual crisis)– y vivieron, depurados o no, cuasi recluidos en sus domicilios, con contadas amistades, temerosos hasta de sus pensamientos y refugiados privadamente en lecturas entre cuyas líneas leídas buscaban una esperanza de libertad.
Hoy todo es distinto. Hoy exiliarse –la falta de trabajo no es sólo secuela económica, lo es también y más política– buscarse la manduca en el exterior es «movilidad exterior» y ver cómo cada día pasan camiones cargados de carbón importado por delante de las casas de nuestros mineros parados camino de las térmicas, como me dice un amigo minero, bien puede ser el exilio interior al que, como a tantos otros trabajadores, envía el mercado, el gobierno su fiel servidor y Europa, esa utopía –representación imaginativa de una sociedad futura favorecedora del bien humano– vuelta quimera –aquello que se propone como posible, no siéndolo–. Vamos, exilios hubo y haberlos, haylos. ¿Herencia?
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.