Debería haber guardado para esta semana mi artículo anterior, ‘Organizar la alegría’, en que decía «Basta ya de pedirnos amenes, de endiosados conmigo o contra mí que nos enfrenten». Quizás así pudiese llegar a este que ahora escribo con carácter y humor más templados si no aplacados. Pero no soy pitoniso y sí, a veces, crédulo en demasía y en demasía desmedido en mis reacciones emocionales. De ahí que me estén produciendo más enfado, tristeza y decepción los audios del vomitivo dúo Ábalos-Koldo y del nauseabundo trío completado con Cerdán (PSOE) que los muchos casos de corrupción, bien ya fallados, bien aun pendientes de juicio y/o sentencia que afectan al PP. Sé que muchos no se creerán esta afirmación, mas así es.
Quizás sea que no sólo tengo en cuenta lo afanado a todos, incluida la patria, España, tan invocada por algunos, sino también el daño memorístico, emocional y ético –lo moral pensado– que personalmente me hace, pues viene a afectar a mis posiciones progresistas y de izquierdas. Que la derecha afane, por historia no sólo reciente, sino también tradicional, casi que lo doy por natural, por esperado. Me enfada e indigna, pero no me escandaliza. Así fueron las derechas, conservadoras y tradicionalistas, en tiempos de paz y así en tiempos de guerra; así son y así serán por los tiempos de los tiempos pues cualquier avance o progreso en, por ejemplo, derechos sociales va en contra de sus intereses económicos y sociales («habemus memoriam») y en tiempos de crisis económica ¡sálvese quien pueda! Pero que lo haga la izquierda o quien en su seno ha alcanzado posiciones de máxima responsabilidad pública y dirigencia en un partido que se dice socialista y obrero... Eso daña hasta la memoria de muchos viejos socialistas y progresistas que se dejaron la piel y más en mantener una vida ejemplar, solidaria y respetuosa, pero aún más daña, desde ese pasado hasta este triste y lamentable presente, el toque a generala para que militantes y simpatizantes sean uno con el «amado líder» y renueven la fe y esperanza en que el ente supremo, «el PSOE es una organización limpia. Soy el capitán y tomaré el timón». Pero ¿y quién lo tenía hasta ahora?
No, no me bastan los actos de fe. Exijo todas las explicaciones, toda la verdad; todo lo que exige y da someterse a una cuestión de confianza en el Congreso, donde, además del crítico apoyo o la crítica oposición al gobierno, residen los representantes de la soberanía nacional. Verdad, sí; fe, ¡no! Ciudadano, sí; feligrés, ¡no!
¡Salud!, y buena semana hagamos y tengamos.