Excursión en la Feve

Javier Fernández Trapote
23/03/2026
 Actualizado a 23/03/2026
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Aunque Feve como marca desapareció en 2013 y la denominación actual es Renfe-Cercanías, en León siempre será «la Feve» o «El tren de Matallana» como dice la canción de los Deicidas, así como la abandonada estación en la confluencia de Padre Isla y Renueva es para los capitalinos la Estación de Matallana, con permiso de la verdadera estación en Matallana de Torío. 

Más de una década después, la desidia y el desinterés político nos obligan ir a coger el tren a las afueras de Vegazana, con lo cómodo que sería cogerlo en el centro de León, pero pasan los años, lustros y décadas y, lo mismo que sucede con el Emperador, el tren es utilizado como piedra electoralista para culpar al otro de la incompetencia propia, más pendientes de palmear a sus líderes en el Congreso de los Diputados que de solucionar las cotidianidades de los votantes a quien se deben. Mientras tanto los automotores van pidiendo la renovación total a gritos, con alguna gotera, puertas que tardan en repararse por falta de piezas... y el personal ferroviario haciendo más de lo que puede: este mismo sábado la maquinista recortando y alisando un trozo de suelo levantado para evitar un problema mayor de caída de algún viajero....

A pesar de todos estos despropósitos, los trenes, con sorprendente puntualidad, van y vienen desde León hasta la montaña palentina, insuflando un poco más de vida a la gente de los pueblos que se mueven hasta León para resolver sus cosas de médicos, visitar algún familiar, hacer alguna compra..., como alternativa al coche particular o al aislamiento no deseado. Además de este servicio público de movilidad del mundo rural, y sobre todo en los fines de semana y con el buen tiempo (cuando tenga a bien aparecer), el perfil general de los viajeros se vuelve más colorido con con los excursionistas amantes de la montaña leonesa, ciclistas de montaña, paseantes, domingueros, y cualquiera que tenga un mínimo de interés para pasar el día descubriendo los bellos rincones de la montaña central y oriental que tenemos tan cercanos y que a veces son tan desconocidos.

Y así, este sábado me encontré en el tren, con su perenne sonrisa, al maestro montañero Vicente García, acompañado de sus ‘secuaces’ hacia una de sus rutas que él documenta y que disfrutamos todos, y esta vez además acompañado de un puñado de niños que, no tendrían ni 8 años, pero sí un entusiasmo y alegría que me hace pensar en ellos como futuros defensores de este tren que empezó transportando carbón desde La Robla hace ya 132 años, y 103 del ramal de León a Matallana, y que ahora los leoneses volvemos a rugir para que no se olvide este tren tan nuestro, tan vertebrador y que, a una velocidad del siglo pasado, apta para románticos y para los que quieran escapar de la locura diaria, nos lleva a paraísos cercanos tan necesarios para cargar baterías y disfrutar de nuestro patrimonio natural.

Me despido de Vicente en Aviados, donde se une a su grupo una familia de rezagados que perdió el tren, y veo de nuevo el entusiasmo de los pequeños rebecos que le acompañan y pienso que claro que hay futuro pero que, como siempre, tendremos que lucharlo.

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