Uno se mira al espejo y le delatan los defectos, de incalculable magnitud a ojos propios. Aceptado por unos, depresivo para otros. Uno ve todo lo suyo, todo lo que le rodea, problemas y momentos, y se ve peor que aquel de enfrente que fíjate lo que tiene sin haber movido ni dedo ni brazo. Uno se ve a sí mismo, en la intimidad de la mañana, de la ducha o de la búsqueda de harapos para parecer lo que no somos, y sólo piensa en ver cómo narices los escondo.
«Espejo, querido, dime que soy guapo, irresistible, apuesto, magnético para esos protervos que aún quieren ponerme en el centenar de escaños. Espejo, sintetízame, si es menester, como un hombre bueno, magnético en mis palabras progresistas, en mis homilías a favor de la integridad y benevolencia con mi ser. Espejo, ponme ese traje de superhéroe que salvará a todo un universo de la maldad que generan todos los demás, hazme ese hombre que junto con Marruecos, hará de todo esto un lugar como yo, es decir, mejor. Espejo, TVE tiene razón y tenemos que asumir conjuntamente esa realidad de salvación frente a los salvajes, bárbaros, aborígenes del otro lado del muro que quieren hacer de este país lo que yo no quiero que sea. Espejo, asúmeme porque nadie será capaz de ser como yo, ni en política, ni mucho menos en la vida, soy inigualable; tú y yo sabemos que no hemos venido a gestionar, sino a liderar el cambio de opinión o verdad, pero cambio en definitiva. Espejo, soy tu Pedro», –declaraciones realizadas por el presidente previamente a la entrevista con Aimar Bretos y desveladas en exclusiva por este periódico a partir de fuentes cercanas a La Moncloa–.
Pobres espejos, no tan desgraciados como los retretes, pero tienen que vernos en todas nuestras fisuras, o aguantar charlas presidenciales. Óscar Puente ya es consciente de que en este espejo sólo cabe uno, de que su destino, por mamotreto, está con Marisú cuando ya no le sirva de mastín: el siguiente será también Pedro. Se quedará, con Mohamed, con o sin votos, con o sin partido, con o sin Ceuta, con o sin espejo; ahora a por el Rey, así que veremos si con o sin España.
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