Imagen Juan María García Campal

Evocación, inquietud, urgencia

15/04/2026
 Actualizado a 15/04/2026
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Martes, 14 de abril. Escribo memorioso de oralidad ancestral. Escribo contento del escuchado orgullo, casi musitado, por lo vivido aquellas horas del martes de abril de 1931, digamos, en el Parche de Avilés o en las plazas mayores de Segovia o Salamanca o en cientos de ciudades y pueblos. Aquellas horas «tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza» que afirmó Machado en Segovia. Aquellas horas en que la que se había «llamado ‘chusma encanallada», dio «un hermoso ejemplo de ciudadanía manteniendo el orden contra ‘los del orden’» como proclamó Unamuno desde el balcón del Ayuntamiento salmantino. Y sí, cómo no, se entristece la propia memoria, pues guarda también recuerdos orales de cuando la República caminaba mas el fascismo, que cabalgaba, la atropelló; de cuando los pocos que siempre escribieron y escriben la historia lograron de nuevo que los más la sufrieran. ¡Qué larga, injusta y cruel victoria, esa que paz llamaron!

Mas, ahora, cumplida la cordial evocación de ese breve período de progreso ilustrador que fue la II República Española, rematada por felón golpe de Estado, les comentaré una inquietud interior que frecuentemente me desasosiega y lleva a pensar si algún nuevo material desarrollado por la maldad humana habrá infestado nuestros cerebros y corazones haciéndolos cada vez más insensibles a tantos humanos sufrimientos como de los que cada día se nos informa y cuya crueldad no sólo nos es relatada sino, en muchos casos, ofrecida a nuestra mirada con todo lujo de detalles, sin que -y esto es lo que más me perturba- el injusto dolor observado nos produzca una mínima reacción emocional, sino, como mucho, una puesta al día de los fríos datos numéricos. Porque sí, vergonzosamente, a las víctimas de tanto conflicto armado, de tanto machismo en el caso patrio, las reducimos a cifra, a estadística, a porcentaje y con ello aquietamos nuestra sensibilidad, nuestras más humanas emociones y ahogamos nuestro indignado grito de no a la guerra o basta ya de tanto feminicidio y, por favor, que nos cuenten ya alguna frivolidad que nos apague la mala conciencia si es que de esta nos queda vestigio alguno.

Acaso, sin duda, sea urgente, como dice el poeta Jorge Riechmann, buscar «desertores de la violencia, del patriarcado, del cinismo». Porque quizá usted esté, se sienta como yo que «beneficiario del sol de la explotación / beneficiario de los yacimientos de la tortura / beneficiario de los tipos de interés de la muerte // me muero / de vergüenza». 

¡Salud!, y buena semana hagamos.

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