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Eterno retorno de lo mismo

31/05/2018
 Actualizado a 18/09/2019
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Nadie esperaba una primavera tan primavera, de aguaceros y truenos, de tanto paraguas. Pero así es la política. Hoy se debate una moción de censura exprés, que no se veía venir hace apenas un par de semanas y que, según lo anunciado por los partidos, se habrá olvidado cuando volvamos a habitar las terrazas. Una moción primaveral, impetuosa y bravucona, diría incluso que temeraria. Todo parece indicar (y hay que ser muy precavidos porque con los políticos nunca se sabe) que este nuevo órdago de Pedro Sánchez, este necesario jaque por la dignidad como han repetido los socialistas, tendrá el mismo final que aquel fracasado debate de investidura de marzo de 2016. Entonces faltaban unos días para que comenzara la primavera y nos resecaba la sequía... de Gobierno. Entonces subieron a la tribuna los mismos protagonistas que lo harán este jueves (conjura de Susana Díaz mediante y superado el plebiscito del chalet) y haría falta prácticamente la misma combinación casi imposible de apoyos para que Sánchez se mude a La Moncloa. La vida es un «eterno retorno de lo mismo» que filosofó Nietzsche.

«¡Rayos y centellas!», como diría el Capital Haddock o «¡Mucho lirili y poco lerele!» en su versión más popular. Porque esta tormenta desatada por los socialistas es eléctrica y atronadora, asusta pero trae muy poco agua. Con toda la justificación ética y estética le falta la lluvia política. El PSOE pide echar a Rajoy pero no ofrece nada, no quiere negociar nada y tampoco se pliega a la moción instrumental que exige Ciudadanos para convocar automáticamente elecciones. Los socialistas mendigan las llaves sin enseñar el contrato, sin propuestas ni programa, con la vaguedad que supone anunciar un periodo de transición en el que se estabilice el país imposible de cuantificar en días, semanas o meses. Con más recelos aún cuando las encuestas aseguran que la única forma de que Sánchez sea presidente del Gobierno es esta de la aritmética de despachos. Así que este chaparrón contra Rajoy podría volver a dejar como un gato mojado a Sánchez. Milagros del marianismo en estado puro, siempre hundiéndose y a la vez siempre a flote. Gallegismo político de supervivencia que ha lanzado a Cospedal y Maillo contra el PSOE para ahuyentar ese pasado tan presente que no pasa y al que le quedan aun muchas sentencias para habitar el futuro. Aunque gastada la tromba de la moción de censura (si finalmente fracasa) y con los presupuestos garantizados puede que de esta Mariano salve lo que queda de legislatura con su perfeccionada estrategia de esperar, de resguardarse hasta que escampe.

Aquí en Castilla y León somos de Nietzsche como el que más y practicamos con asiduidad también eso del «eterno retorno de lo mismo». Así, el presidente Juan Vicente Herrera se mostró profundamente abochornado tras la primera sentencia del caso Gürtel y ahondó en el vértigo de descrédito que supone el fallo judicial para los políticos, y en especial, para el Partido Popular. Un pedrisco que acentuaba esta semana el consejero de Educación de la Junta de Castilla y León. Fernando Rey, ese verso suelto (o no) en el ejecutivo de Herrera que pide elecciones generales y cuestiona la continuidad de Rajoy. Me recordaba aquel «mírate al espejo y respóndete a ti mismo» que le espetó en recado radiofónico Juan Vicente a Mariano en aquella lejana precampaña de 2015. Ahora, de momento, no sabemos nada más de lo que piensa Herrera, porque estuvo ausente de las Cortes autonómicas en la sesión de control en la que la oposición preguntó por este tema para acompañar al Rey Felipe VI en un acto oficial en Aguilar de Campoo. Respondió el vicepresidente De Santiago - Juárez quién pidió perdón por «los hechos probados» de la sentencia. Quizá pudiera haberles contestado Mañueco. A la oposición y al Gobierno.
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