En el Debate sobre el Estado de la Región de la Comunidad de Madrid, su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, nos sorprendió con una noticia no esperada: «A partir del curso 2025/26, todos los colegios públicos de Primaria de Madrid incluirán también 1º y 2º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO)». Los alumnos no pasarán al instituto hasta los 14 años, en 3º de la ESO.
La encuesta de Sigma Dos, elaborada entre el 13 y el 26 de diciembre de 2024, con una muestra de 2.485 encuestas, ponía en el candelero esta decisión. Una mayoría refrenda la idea de que los niños sigan en los colegios en vez de irse a los institutos a los 12 años. Tres de cada cuatro españoles están de acuerdo. Hay que destacar un detalle muy curioso en esta encuesta: En cuanto al mantenimiento de los alumnos hasta los catorce años en los colegios de infantil y primaria, en vez de hasta los doce, es ciertamente sorprendente que los más entusiastas son curiosamente los votantes socialistas, con el 79 %. Seguidos de los ‘populares’, con el 77 %. Y no a mucha distancia los que apoyaron a Yolanda Díaz, con el 74 %.
En mi opinión, no era necesaria esta encuesta de Sigma Dos para saber que la comunidad educativa española prefiere que estos niños esperen más tiempo a dar el salto a los institutos. Al fin y al cabo, esto viene a ser una vuelta al pasado. «Después de los años mil, las aguas van por donde solían ir», dice el refrán popular. Lo prefieren los alumnos que están más seguros y protegidos en su escuela de siempre, lo prefieren los padres que se sienten más tranquilos sabiendo que sus hijos tienen menos riesgos y lo prefieren los profesores que conocen bien a estos niños, porque los han llevado de la mano desde pequeños. Los maestros tienen mejor sintonía con estos alumnos que los profesores de secundaria. Hay una simpatía y un filin especial entre ellos. Los maestros tienen más experiencia y cariño para tratar con atención individual a esos niños. Los alumnos ‘lo huelen’ y aprenden con más facilidad.
La experiencia me dice que los pedagogos no saben dónde colocar a los niños en la etapa más difícil de su vida que va desde los doce a los catorce años. Siempre defendí que cuando llegan al instituto con doce años son realmente unos niños obedientes y sumisos a los que da gusto dar clase. Dos años más tarde, en tercero de la ESO, ya están inaguantables. Son rebeldes y críticos con todo. Supongo que la mayoría de los padres tienen esa experiencia con sus hijos: el gran cambio que dan de los 12 a los 14 años. En el siglo pasado, allá por los años 60 al 90, en la época del Bachillerato Unificado y Polivalente (BUP), los alumnos entraban al instituto en primero de BUP a los catorce años. En el año 1990, con la Logse, nos llegó la ESO, Enseñanza Secundaria Obligatoria, y los niños de primero de la ESO llegaban a los institutos a los doce años. Recuerdo bien que tuvimos que ampliar los centros. En el IES Lancia se construyeron seis aulas nuevas. Así hemos estado estos últimos treinta años, con los alumnos de doce años mezclados en los institutos con los de dieciocho años, casi universitarios. Estos jamás podían salir del instituto en los recreos. Recuerdo que en los primeros años el profesorado tenía dificultades para adaptarse a los estos pequeños de primer ciclo de la ESO. A los gurús del Ministerio de Educación se les ocurrió que lo mejor sería que los propios maestros pasasen al instituto para dar clase al primer ciclo de la ESO. Un gran acierto. Los maestros hicieron maravillas en el instituto y nos quitaron el peso a los profesores que teníamos dificultades para adaptarnos. Los alumnos estaban encantados con sus maestros, nos pedían que siguieran siendo sus tutores, ni un solo problema disciplinario, ni una sola queja de los padres. Las asignaturas fuertes como Lengua, Matemáticas, Biología o Historia estaban en manos de los maestros. Los alumnos contentos y satisfechos, y no porque les exigieran menos, sino porque se lo exigían mejor. Os contaré un secreto: Con el tiempo aquellos maestros se fueron jubilando y no tenían repuesto. Llegaban profesores jóvenes interinos a medio curso y, en aquella clase que nunca había habido un ruido, comenzaban a ‘saltar chispas’. Alumnos a la puerta de clase por mal comportamiento o quejas a los tutores. ¿Cómo es posible ese cambio?
Treinta años después de la Logse, Isabel Ayuso descubre que lo mejor es que esos alumnos vuelvan a la a los colegios de Primaria y que hasta tercero de la ESO no lleguen al instituto. El éxito de esta idea estaba garantizado antes de que Sigma Dos lo confirmase. Empezarán por Madrid, pero muy pronto llegará al resto de España. El tiempo lo confirmará. Los alumnos de esa etapa crítica de los 12 a los 14 años están mejor en los colegios de Primaria que en los institutos.