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Para los estudiantes que vuelven

15/09/2024
 Actualizado a 14/11/2024
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Hace poco más de una semana despedíamos a nuestros respectivos lugares de reposo. El verano como tal (que no la estación) se había acabado. Quedaba atrás otro más, ante nuestra impotencia de tener que dejarlo ir. Tocaba regresar a los quehaceres, la dichosa rutina esperaba al otro lado, como si del hombre del saco se tratara. Nadie en sus cabales ve este mes como esperanzador o apasionante. Por mucho que uno se vea a sí mismo como un privilegiado por esa vida que ha podido lograr, que el día no sea entero dedicado al tiempo libre es una costumbre difícil de perder. Como si una planta es trasladada a una maceta más pequeña. Ella suele secarse, nosotros tenemos que resistir.

No puedo evitar compadecer a aquellos que regresan a las aulas en estos tenebrosos días. Hace bien poco que dejé esa vida a mis espaldas, y he de confesarles que lo hago sin mirar atrás. La visión que tiene el alumno de ese sitio como una cárcel, tal vez sea lo de menos, ante la seguridad de lo que se le viene encima en los próximos nueve meses. Existe una visión adulta idílica del estudiante, que se encuentra bastante extendida. Poco más y los ven como gozadores, vividores y quejicas. No falla esa situación, más propia de un sketch, que se suele dar en reuniones o comidas, en las que un sujeto o sujeta se planta ante el chaval y le suelta esa melonada; «ojalá seguir estudiando, que bien se vive». Los pensamientos que sobresaltan inmediatamente al crío son de todo menos caballerosas, por lo que responde; «sí, sí…». Atrévase usted, valiente, a decirle a un colchonero, un «ojalá hubiéramos llegado nosotros a dos finales de Champions». Vaya, vaya, a ver cuál es su reacción.

Por supuesto que toda fase vital tiene su sufrimiento y sacrificios. La vida laboral son constantes obstáculos y angustias, pocas vacaciones y muchas responsabilidades. La familia, las facturas, las comidas, los recados, lo doméstico… y Hacienda. Pero merece la pena ser justos, no menospreciar el trabajo de otros, sobre todo de aquellos jóvenes que aún tienen algo de ilusión dentro de sí. Los estudios hoy por hoy requieren de un esfuerzo infinito y una fuerza mental que en muchas ocasiones no viene dada. Es un trabajo que pasadas las semanas se convierte en veinticuatro horas al día, los siete días de la semana. La jornada no termina al salir de clase, sino que es tan sólo el descanso para comer. Y ya no les digo en bachillerato o universidad. Significa estar en todo momento con la cabeza en ello y susceptible de que de un día para otro aparezcan tres exámenes más, cuatro trabajos y dos libros, más los deberes diarios, claro. Dormir tal vez sea ese único momento del día en el que de verdad no se piensa en ello. Aunque en plena contienda examinadora, ni eso sea plenamente posible.

De manera que he aquí uno que os manda sinceros ánimos, energía y suerte. En estos días estaréis volviendo a sentaros en pupitres, rezando porque os toque (o no) tal profesor, observando con sueño lo que os ponen en la pizarra y reflexionando sobre ese tiempo pasado que fue mejor. Seguro que os sobresalta ese pensamiento, al mirar el reloj; «yo a esta hora estaría volviendo de fiesta y ahora estoy madrugando». Y así a cada momento del día. No os puedo decir que será fácil, que no sufriréis o padeceréis. Pero creedme que todo pasa, sino miradnos a nosotros. Os enfrentareis a inmensos problemas y tendréis que gestionar todo a la vez en todas partes. Pero creedme que el sol saldrá mañana y todo eso terminará. Mirareis con celo a la calle a través de la ventana, tantos y tantos días. Pero creedme que llegará el día en el que volveréis a pisarla y disfrutarla como en aquellos tiempos. A veces hay que pasarlo mal para que el placer sea más gratificante, luchar por ello y conseguirlo. El premio está al otro lado, creedme que lo está. 

 

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