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Esto de la vivienda es un ciempiés

09/10/2026
 Actualizado a 09/10/2026
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En estos días convulsos, en que la vivienda, a nivel nacional, se ha convertido en el norte y la guía de nuestro diario (hasta que aparezca el siguiente), me he puesto a tomar notas de lo que se ha dicho, de lo que no se ha dicho pero que está en la historia, de los libros o lo que simplemente recuerdo.

Y hay de todo, sobre la construcción de viviendas hoy, o la de antes, del alquiler, de la ocupación… y decir que es para escribir un libro, es quedarse corto. Un libro no ¡una biblioteca!

Faltan viviendas nuevas. Vaya. Si fuera una enfermedad, tendría que ser catalogada de endémica. Lo he escrito ya no sé cuántas veces: desde que tengo uso de razón arquitectónica, o sea desde que estaba estudiando arquitectura, y de eso es desde unas cuantas décadas, hacen falta un millón de viviendas. Todos los años desde entonces y hasta en la época del boom inmobiliario. 

Pero vayamos al principio: se necesita un millón de viviendas, aunque yo juraría que es más. Pero esto es una opinión sin más, basada en cómo evoluciona el censo de población, escaso por nacimientos y sobreabundante por inmigración.

Y hay que construirlas.

Para empezar, dicen que no hay suelo, urbanizado, se entiende, porque del otro, solamente hay que subir en un avión y… ¡vaya si hay suelo! 

Ponerlo en marcha es caro por los propios requisitos que se le exigen, de espacios, instalaciones, densidades de edificación y tramitación administrativa y porque, además, y a pesar de los millones de kilómetros cuadrados de suelo virgen (y mártir) que hay, solamente se puede hacer donde dice el planeamiento, lo que encarece la oferta. Hay que comentar algo. Hubo dos intentos de declarar todo el suelo del país urbanizable, cualquiera, uno por parte de un socialista (Solchaga) y otro conservador (Aznar), lo que lo hubiera facilitado y abaratado… y casi se los comen (a los dos políticos, se entiende). 

Y resulta que hay mano de obra disponible para poder construir esas cantidades de viviendas. Según la patronal del sector, en este momento se necesitarían algo así como setecientos mil trabajadores de todos los oficios, y esos no aparecen de la noche a la mañana. Ni tan siquiera de la inmigración. Y eso a pesar de que se está tendiendo a la industrialización de todos los procesos de construcción. Es igual, ni así.

Siempre deseamos mejores viviendas, con más calidad y más servicios, y eso supone un aumento del coste de producción, lo que luego se traslada al comprador. Y no es una cantidad pequeña. Un ejemplo: en los años 70 la diferencia entre el útil y el construido era de un 25 %, mientras que hoy, por todas las mejoras técnicas, ecológicas y de servicios, ese 25 % se ha convertido en un 45 %, o lo que es lo mismo, la parte de «material» del volumen edificado, paredes, puertas, ventanas, aislamientos, instalaciones, lo que ‘realmente’ cuesta de la construcción, es hoy el doble. Y hay que pagarlo. Y a qué precio.

Por cierto, algo similar pasa con el suelo urbanizado: por aquellos entonces, años 70, en una acera de 1 metro de ancha se instalaba una tubería de suministro de agua, otra para el saneamiento y otra de electricidad. Hoy a esas hay que añadir una más de saneamiento exclusivamente para pluviales, además de gas, telefonía y datos, alumbrado y, ocasionalmente semaforización, así que la acera ha de tener, como mínimo, 2,50 metros de anchura. Además de que la calzada ha de ser suficiente para aparcar a ambos lados. Y hasta podemos añadir carril bici. Más costo de producción.

Por cierto, hace unos pocos días, el Banco de España presentó un informe criticando el bajo aprovechamiento de las parcelas de los suelos urbanizados existentes (aprovechamientos que son los que marca la Ley), por lo que, eso de faltar suelo, se arreglaba subiendo el número de viviendas posibles «en los solares que ya están urbanizados». Es verdad, pero no debió hacer mucha gracia, porque no se ha vuelto a saber nada de él.

Vienen luego los trámites administrativos, que pueden llevarse, con mucha suerte, varios meses, incluso años, dada la catarata de informes internos a los que obliga la normativa nacional, autonómica y municipal (y León no es los peores, que conste). ¡Ay, quien pillara aquellos tiempos (los de los 70) en que una licencia podía tardar… un mes!

Y después de todo esto, por si fuera poco, hay un problema nacional de falta de suministro eléctrico, del que se habla muy poco. Más bien nada. 

Se da la paradoja de que producción eléctrica hay suficiente, aunque la renovable sea un tanto inestable, pero es que, después de tantos miles de millones precisamente para ella, la red de distribución hoy es insuficiente para suministrar, no a un millón más, es que ni a trescientas mil nuevas viviendas puede hacerlo salvo en algunos sitios y desde luego solamente para una parte de ellas. 

Y, como final, están los impuestos que todo ese proceso arrastra, desde que se inicia hasta que el comprador firma, paga y recibe la vivienda, para toda la administración pública que ávida e inmisericorde no cede en sus derechos. 

Dicho, o mejor, escrito todo lo anterior ¿Es todo esto es un ciempiés? ¿o no?

PD: Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, acepción coloquial: Ciempiés: «Obra o trabajo desatinado o incoherente».

10 09 2026 Álvarez Guerra
10 09 2026 Álvarez Guerra

 

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