Rezuma en mi cabeza en los últimos años aquella frase que escribió Salvador Sostres que advertía de que siempre que a la derecha le entra prisa por gobernar se tira un largo tiempo en la oposición. Escucho a Alberto Nuñéz Feijóo y a su selecto grupo de ‘preferiti’ entre los que se encuentra Ester Muñoz, y no dejo de tener la misma sensación que tuve en el año 2023 cuando vendieron la piel del perro antes de cazarlo y se vieron ganadores de las elecciones. En el Partido Popular están convencidos de que arrasarán en las siguientes generales. Me acuerdo cuando hace unos años hablando con un alcalde ‘popular’ se mostraba pletórico al asimilar ciertas semejanzas entre las elecciones que Rajoy ganó en el 2011 con mayoría absoluta y las del 2023; agua.
Tienen fe en que su estrategia de pesca de arrastre hará que pesquen en los caladeros de los peces desorientados. Sin embargo, no han caído en la cuenta de que los salmones siempre nadan a contracorriente, que el votante quizá se haya cansado de las dinámicas de una inercia que no termina de ofrecer alternativas reales; en Génova no cuentan con que votar al PP no es la única vía para los decepcionados con el sanchismo, se olvidan de una tercera posibilidad sustentada en la abstención.
El nombramiento de Ester Muñoz como portavoz del PP en el Congreso pone de manifiesto la orfandad de los hijos de las viudas de Pedro Sánchez, de los que quieren otro tipo de políticas. El gran problema que tiene nuestra paisana es el que adolece a la mayoría de dirigentes de los partidos políticos: no tienen experiencia en el sector privado. Qué cabe esperar de una chica que desde que tenía veintitantos años ha ostentado cargos públicos con escasa experiencia profesional fuera del circo político. No es más que otra cachorra de las factorías partitocráticas alejada del mundanal ruido del mundo real. La verdadera renovación vendrá cuando se empiece a dar galones a los que vienen de fuera, como por ejemplo hizo el PP en Castilla y León nombrando al abogado Ricardo Gavilanes portavoz en las Cortes.