Félix Cuéllar

¿Estamos informados o vivimos preocupados?

30/10/2026
 Actualizado a 30/10/2026
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Vivimos rodeados de noticias que parecen competir por anunciarnos un futuro cada vez más difícil. Abrimos el teléfono y aparecen guerras, tensiones internacionales, enfrentamientos políticos, el precio de la vivienda o los empleos que podría transformar la inteligencia artificial. Antes de comenzar el día, ya tenemos motivos para preocuparnos.

Y en León tampoco faltan titulares que inquietan. El paro volvió a superar las 20.000 personas en septiembre; los incendios dejaron heridas en nuestra provincia y las dificultades de los jóvenes para independizarse siguen siendo una preocupación en Castilla y León. Son problemas reales, que merecen atención, respuestas y compromiso. Pero ¿cuánto tiempo pasamos hablando de ellos y cuánto dedicamos a prepararnos para afrontar lo que tenemos delante?

No propongo ignorar la realidad, ni mucho menos dejar de exigir soluciones a quienes tienen responsabilidades. Estar informados es necesario. Lo que me pregunto es si hemos aprendido a distinguir entre conocer lo que sucede y permitir que cada noticia nos robe tranquilidad, energía y confianza.

Porque cuando repetimos una preocupación una y otra vez, no necesariamente estamos más cerca de resolverla. A veces solo conseguimos agrandarla. El miedo ocupa nuestra mente y termina tomando decisiones por nosotros. Nos convence de que no es momento de emprender, cambiar de trabajo, estudiar algo nuevo, iniciar un proyecto o perseguir una ilusión. Y lo peor es que podemos renunciar antes incluso de haberlo intentado.

Hay circunstancias que no elegimos y obstáculos que ninguna actitud positiva puede borrar. Sería injusto olvidar a quienes atraviesan situaciones verdaderamente difíciles. Pero incluso en medio de la incertidumbre, conservar la capacidad de actuar es una fortaleza que merece la pena cultivar.

Tal vez debamos cambiar algunas preguntas. En lugar de preguntarnos constantemente quién tiene la culpa de todo, sin dejar de pedir responsabilidades cuando corresponda, preguntémonos también qué podemos hacer nosotros. ¿Qué necesitamos aprender? ¿Qué hábitos nos debilitan? ¿Qué relaciones debemos cuidar? ¿Qué decisiones llevamos demasiado tiempo aplazando por miedo?

No podemos controlar cada noticia, cada crisis ni cada decisión que se toma lejos de nosotros. Sí podemos decidir cuánto espacio les concedemos, con quién compartimos nuestro tiempo y en qué invertimos nuestras fuerzas. Prepararse no significa vivir esperando una desgracia, sino desarrollar recursos para responder mejor a la vida.

Quizá el problema no sea que estemos demasiado informados, sino que a veces estamos demasiado entretenidos en preocuparnos. Y mientras esperamos a que el mundo cambie para empezar a vivir con más confianza, los días siguen pasando.

Porque dentro de unos años podríamos descubrir que dedicamos demasiado tiempo a temer cosas que nunca sucedieron y demasiado poco a intentar otras que sí habrían cambiado nuestra vida.

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