Dicen que a donde se fue feliz nunca hay que volver. Seguramente hoy Rubén de la Barrera piense lo mismo. Decía Toni Villa, el que fuese su niño mimado en León durante aquel año que nunca olvidaremos, en una entrevista con Jesús Coca (al que por cierto estoy salvando el culo escribiendo estas líneas como Badia a la defensa de la Cultural en innumerables ocasiones) que le daba miedo regresar algún día a vestir de blanco porque cuando el recuerdo es tan bueno las posibilidades de que una nueva etapa lo arruinen pesa demasiado.
A Rubén se le puede tachar de muchas cosas, pero desde luego no de no ser un tipo valiente. Cogió hace unos meses a una Cultural seguramente ya predestinada al final que ha terminado encontrando sabiendo que para él la condena podía ser importante: dos descensos con el mismo equipo podían dejarle con el teléfono bloqueado a cualquier llamada de Segunda División en un futuro. Pero su vínculo con León y sus ganas de sacarse la espina de aquel año pesaron más. Con una plantilla muy limitada hecha por otro, para otro, con un antecesor opuesto a su estilo, lo peleó hasta que la evidencia permitió. Cuando ésta fue creciendo, dejó clara su intención de seguir para devolver al equipo a donde no lo pudo mantener desde el estatus de saberse uno de los entrenadores más codiciados de una categoría de la que ya sabe salir.
Todo parecía que marchaba rodado, el entrenador mostraba públicamente su intención de continuar y quien debía tomar la decisión, la consejera ejecutiva, se mostraba en los mismos términos hasta el punto de poner una oferta por más de un año sobre la mesa. Ahí es donde la honestidad ‘mató’ al entrenador, que no firmó considerando que no podía hacerlo sin un director deportivo. Evidentemente ni él ni nadie podían imaginar que la elección para el cargo fuese discordante con la sintonía. Un tiro en el pie, un problema autogenerado de la nada que, por obvio, cabe preguntarse si una parte trató de engañar a la otra. Nada que criticar al director deportivo, que toma su decisión de forma directa o indirecta (presentando un proyecto en el que no encaja la otra pieza) y evidentemente lo hace porque cree que es lo mejor. En ello le va el sueldo. No me gusta escribir de fútbol, pero creo que hoy la situación lo merecía. Gracias y suerte, Rubén. Ojalá algún día pueda salir esa espina que parece enquistada.