Aunque la realidad sea muy diversa, los datos más recientes, serios y coincidentes sobre nuestros jóvenes (pongamos de 15 a 25 años), no dan muchos motivos para ser optimistas (al menos a quienes se viene llamado «gente de orden»; y no quiero meterme en más jardines).
No mejoran las percepciones de unos años a esta parte. Vean algunos datos. Expresión de su identidad, «desfamiliarizada» –se constatan a la vez la valoración de la familia como una de las más altas y la gran permisividad moral por parte de los padres– y «desescolarizada» (es decir, que la fuente de su personalidad no está ni en la familia ni en el colegio), parecen ser el culto al cuerpo, las formas de vestir y de peinarse y el consumo de ciertas sustancias. Otros valores son, por este orden, la amistad, el trabajo, el tiempo de diversión, el ganar dinero, la preparación profesional, el encuentro de pareja y una vida sexual satisfactoria. Los influencers reconocidos son los amigos, las redes sociales y los ídolos juveniles (futbolistas, modelos, bloggers…).
Tocados del «pesimismo ambiental», tienen una visión muy negativa de la política y sólo uno de cada cinco participa en algún tipo de asociación. De 1994 a 2018 habrían abandonado la confesionalidad «católica» el 43% de ellos. Les preocupa la falta de empleo y la invasión de la droga (¿tan generalizado es este problema como para ser altamente preocupante?). En cuanto a la forma de convivir en pareja, son tolerantes hacia cualquier forma de ella, aunque para sí mismos prefieren, por este orden, la boda por la Iglesia (39,5%), por lo civil (16,8%), en pareja sin papeles (12,7%) o con papeles (8,9%) o en convivencia libre (3,1%).
En otro orden de cosas, sus diversiones preferidas son la música, la TV, ir de cafeterías y al cine, de discoteca y de tiendas, la radio, el deporte, etc. Parece ser que en el fin de semana la práctica común mayoritaria para relacionarse con otros son el alcohol, la droga y el sexo. Extraña que no aparezcan las nuevas tecnologías con la dictadura de los ipad y la atadura a las redes sociales.
Todo esto nos lo dice el estudio reciente de la Fundación Santa María, pero, aunque no lo dijera, estoy seguro de que las conclusiones no nos sorprenderían. Hace ya más de 20 años, tras un estudio similar, servidor se decidió a titular un artículo sobre este asunto, es verdad que como una concesión al sensacionalismo, de este modo: «Para echar a correr». A no ser que nuestra mirada creyente nos convenza de que es posible la esperanza.
Esperanza cuesta arriba
04/03/2018
Actualizado a
12/09/2019
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