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España, España

02/02/2026
 Actualizado a 02/02/2026
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!Ay¡ !España España¡ ¡En manos del mi Ramón¡ Cuenta Fulgencio que se lamentaba una mujer en un pueblecillo del alto Torío, cuando en las elecciones municipales, nombraron a su hijo Ramón, de cortas entendederas, para el cargo de teniente de alcalde, o algo así.

¿Pero, es que no había otro? Pues, no; seguramente no lo había. Y si lo había no le daba la gana meterse en líos de vecinos, que es lo que termina siendo un cargo así, sin remuneración y con voto en cuestiones que no entiende.

Este cronista, que no se dedica a esto, no ha podido preguntar a las madres de los ministros y directores generales de eso y aquello, a ver por qué caminos llegaron sus hijos a donde están, pero, probablemente, no hace falta acudir a los que metían en transportes Koldo y sus amigos para darse cuenta de que no es el camino del mérito el que conduce habitualmente hacia los puestos de responsabilidad del estado.

Ministerios hay para dar y tomar. Alguno de ellos con nombre indescifrable. Pero otros, tan técnicos (Justicia, Transporte, Hacienda, Sanidad., Agricultura, Educación..) que resulta sorprendente que sean ocupados por alguien que no sea del oficio. Al menos eso. Del oficio, y de reconocido prestigio... En esos otros, de innombrable nombre, ministerios de esto y de lo demás allá. Hasta se justifica sus existencia comprobando quién, al cabo, es titular.

Pero la llegada al puesto de mando general de la nación, a través de un sistema de mayorías que se ha demostrado viene a caer en la trampa de que muchos pocos hacen un mucho, propicia la compra-venta, mediante la cual, se instala en el sillón aquel que más pueda repartir. Es decir, el Presidente del Gobierno, llega a ese lugar, por medio de la compraventa. Y de ahí, al !Ay, España, España, en manos del mi Ramón¡ no hay más que un paso. Ay, ahí, hay un truhán, hay un señor... sentado en falso en su sillón.

Y, una vez en el puesto de mando, pues... a repartir... Y a este cronista le recuerda a su abuela, en el corral de su casa de Villacidayo, echando de comer (cebando) a los animales... gallinas, conejos, pavos, palomas, ovejas... todos alrededor, y ella, con una cesta del brazo, con bata hasta el suelo, las piernas abiertas, esparciendo los granos por todo el corral..., mientras un reguero caliente y amarillento caía y caía al suelo, y ella se mesaba su moño al amanecer...

!Ay, España, España, en manos de unos auto llamados progresistas de salón¡ Las consecuencias de elegir a cualquiera que pasaba por allí.

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