La reina Urraca, 1ª Reina por derecho propio en Europa, que reinó en un mundo de hombres y bajo la mirada constante de todos, parece ocuparse este año la feria del libro. De ella a Clara Pérez de Viedma («Ese cielo que Vuestra Merced trae consigo») al decir de Cervantes, se ocupara algún día no lejano. A la primera la podemos conocer, y la segunda sigue ensimismada en los laureles del olvido, cuando podría ser la más hermosa de la literatura universal, que ya es decir. En estos días con las dos hijas de ZP y de Sonsoles parece que tengamos suficiente.
Pero, veamos quién es quién en este enredo de mujeres. Y vamos primero por Clara Pérez de Viedma, puesto que es la menos conocida,. Se trata de una muchacha «como de unos 15 años de edad» que aparece en el Quijote de Cervantes y que llega acompañando a su padre que viaja de Madrid hacia Sevilla para esperar los vientos alisios y embarcarse para México a hacerse cargo de la judicatura real.
Ya que León, si en algo destaca es en la literatura, por su historia y por su actualidad y cantidad de personalidades ilustres, tal vez deberíamos explutar a esta mujer en el contexto literario pues se trata de un personaje que aperece en el libro acaso más leído (después de La Biblia) y en el momento crucial del mismo, que es cuando Don Quijote, ese genio de los ingenios, se dispone a pronunciar el afamado ‘Discurso de las armas y las letras’, la pieza literaria que, por sí misma, daría juego para toda una retahíla de publicaciones más.
El cronista, como es natural, ya tiene dos novelas inéditas, una con todos estos prolegómenos hasta que padre e hija llegan a Sevila, por entonces la capital de Europa por motivos que se verán; y la otra con su estancia en aquel Nuevo Mundo que comenzaba a funcionar como parte de la España de Ultramar. Se trata de tres hermanos (en realidad los Sosa, de Vidanes) que habían convivido con el mandato cervantino de la época dedicándose uno la Iglesia, otro al Mar y otro a la Casa Real.
Pero es Cervantes quien lo cuanta mejor. Y el cronista, en su humilde condición de poeta menor, no hace más que «levantar la liebre» para que dediquen tiempo y esfuerzos para que en próximos «días del libro» los leoneses puedan gozar del conocimiento de esta hermosa doncella a la que un Don Quijote exaltado, y a punto de cenar rodeado, entre otros de dos de los Sosa, hermanos, de Vidanes, llama «ese cielo que Vuestra Merced trae consigo».