Resulta que van siendo ciertos esos rumores, informaciones y sospechas de que su cercanía con todo aquello era por lo crudo. No vayan lejos, contemplen la última instancia; el único en saltar excitado, cheerleader mediante, con el resultado de las elecciones maduristas. Príncipe de sanguinarias, patrocinador chino cinfín y susurrador gubernamental. Por algo lo hacía, decían los que a sus ojos no los tienen bienpagados. Había cosa turbia en sus justificaciones, sus vuelos y hasta en sus esdrújulas, pero así predicaba, así, así. Así iba a mítines, así se erigió en faro moral y canciller en la sombra.
Era aquel que hundió al partido, el de los brotes verdes, el que sonreía mientras quebraba el país. Pero el sanchismo lo recuperó del pozo ya que fue el único del pasado dispuesto para una causa fundada sobre sus cenizas guerracivilistas. Lo necesitaban y los necesitaba para sentirse querido de nuevo y sacar fajos hasta para las hijas.
Ahora, presuntamente, sabemos que hubo guerra de tramas, ZP vs Ábalos, se batieron por ver qué banda tenía mayor influencia. Ya ven ustedes que el dinero no hace caballeros. Ganó el expresidente y se hizo de oro, de joyas, paladín de las alcantarillas, viajante del triángulo Venezuela-China-Marruecos, blanqueante de tiranías y capitales.
Cae Zapatero porque vinieron los suizos a chivarnos que lo de rescatar a una aerolínea de dos aviones parecía sospechoso. Venía siéndolo desde que se produjo, desde que se dejó pasar la investigación en Justicia, pero muchos cantaban porque qué bien habla el ceja. Ahora, de nuevo, salen enfurruñados con la tableta a decir que «k» son «kilómetros», y usted se tiene que creer a ese y no a Ketty.
Lloran desconsoladamente porque otro hombre pululante ha sido cazado. Se detecta tristeza, apatía patricia, congoja, pesar de cocodrilo, como si esta caída fuera la suya. Eso, o rabia eximente a lo Montse Mínguez, es decir, pinta mal. Mientras tanto sólo queda regresar a esa interpretación balsámica de «tontín que no se entera de media», pero en este caso hay un rescate realizado por el propio gobierno. Queda mucho.