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La Escuela de Salamanca

14/07/2026
 Actualizado a 14/07/2026
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Hace poco más de una semana, participando en una escuela de verano, tuve la suerte de poder escuchar en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Salamanca una brillante conferencia sobre la Escuela de Salamanca, impartida por Don Miguel Anxo Pena con motivo del 500 aniversario de dicha escuela. Tal vez más de uno se pregunte a ver qué es y qué significa esta escuela. Algo parecido debió pasar a más de un diputado y senador cuando en su histórico discurso en el Congreso el Papa León XIV hizo referencia a ella. Se dice que no paraban de mirar en los teléfonos móviles para ver de qué se trataba. No cabe duda que las palabras del Papa la han puesto de especial actualidad. Se supone que muchos parlamentarios tampoco sabrían que en los jardines de la Sede de Naciones Unidas de Nueva York hay un busto de bronce del español Francisco de Vitoria. Y algo parecido ocurre en la sede de la ONU en Ginebra, de suerte que la sala del Consejo se llama Francisco de Vitoria, padre de esta escuela.

Aunque, desgraciadamente, no siempre se respeten, se habla mucho de los derechos humanos y de la dignidad de la persona. Cualquier político que se considere verdaderamente demócrata y defensor de los derechos humanos ha de saber que estos se fundamentan en las enseñanzas de Jesucristo y que fueron los teólogos y filósofos de la Escuela de Salamanca, es decir, de la Iglesia, quienes tuvieron el acierto de saber formularlos y sentar las bases de cara a la modernidad. No ha sido la Ilustración, ni la Revolución Francesa, ni el marxismo, ni las corrientes filosóficas de los últimos siglos, sino la teología católica la que se ha preocupado de defender la dignidad de todas las personas y sus derechos.

Pero, siguiendo con las escuelas de verano, este año se ha hecho famosa en una de ellas, en la Fundación Pablo VI, la cita hecha por Don Luis Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal, tomada del libro La Ciudad de Dios de San Agustín: «Un estado sin derecho sería una banda de ladrones». Ciertamente el Estado es mucho más que el gobierno, y todos nosotros formamos parte del Estado. Pero hete aquí que el ministro Señor Bolaños se dio por aludido y  pensó que iba  para él y sus colegas y por eso  tuvo una reacción no demasiado cariñosa para con el Obispo. Es lo que tiene sacar las frases fuera del contexto. No obstante, si es verdad que nos encontramos con una cueva de ladrones, la culpa no es quien pronuncia la frase, sino del que roba. En todo caso, que se cumpla el derecho y muy especialmente los derechos humanos.
 

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