Todos los días escribo, también como forma de sanar. Y me he acordado de libro «Escribir para vivir mejor» de la Dra. Zeneida Sardà donde hace un análisis teórico basado en estudios de trabajos científicos -y con ejercicios prácticos- de la escritura terapéutica («therapeia», cuidar) para regular las emociones, combatir pensamientos negativos y fortalecer la resiliencia.
Porque «poner palabras a lo que nos ocurre nos ayuda a entendernos, a aceptarnos y a poder reconducir nuestras emociones negativas y pensamientos perturbadores hacia la experiencia de un estado de bienestar y paz interior, de placer y sentido, que llamamos felicidad».
Con el hábito de la escritura, al cabo de ocho semanas empiezan a producirse cambios en los circuitos neuronales gracias a la «plasticidad» de nuestro cerebro. Eso sí, se recomienda escribir a mano, pues «estimula la actividad cerebral, aumenta el desarrollo cognitivo y motriz, intensifica la capacidad de concentración y potencia la memoria».
La escritura terapéutica facilita tres actitudes del bienestar emocional: «estar presentes» -mientras escribes no puedes hacer otra cosa; «tomar conciencia»: organizamos y clasificamos la información que pulula confusa por nuestra mente y nos abrimos a descubrimientos íntimos, a nuevas sensaciones o aspectos aparcados; y «responsabilizarnos»: de lo que descubrimos que somos, hacemos o sentimos; sin conciencia, no hay responsabilidad.
El libro se divide en tres partes: cómo nos influyen las emociones en nuestra vida diaria y cómo las gestiona nuestro cerebro; el trabajo de la escritura terapéutica directamente relacionado con los mecanismos cerebrales y los pensamientos, con ejemplos y ejercicios; y la actitud que podemos tener gracias a la escritura de «disminuir los efectos de los factores que nos impiden ser felices y aumentar los que nos ayudan a mejorar nuestro bienestar personal y nuestra felicidad».