Escribo tardío. Pero no crea que es porque me di a la mortificación corporal viendo la comparecencia de Feijóo en la «Comisión de Investigación sobre la gestión de la crisis derivada de la Dana que tuvo lugar el 29 de octubre de 2024». No, hay personajes y actores que con verles en una representación ya se pueden dar por vistas todas las obras interpretadas. ¡Tralará!
Escribo tardío. Mas como dicen que no hay mal que por bien no venga –dicho que me suena a mantra de autoayuda para cuando te están viniendo tan bien dadas las contrariedades que no esquivas ni una– también es cierto que lo hago español, muy español. Vamos, que si no fuera porque tecleo en pleno desequilibrio expresivo fisiológico emocional, pues tan pronto río como lloro, no dudaría ni un espacio en afirmar que redacto españolísimo, pero no entendiendo el término como superlativo patriotismo sino como mastodóntico y/o espantoso sinsentido, este sí, por supuesto, patrio.
Sí, escribo tardío porque llevo días intentando buscarle un sentido a que toda una concejala –permítaseme ahorrar lo de señora, que, por tarde que sea, no está uno para despilfarrar caracteres– se traslade de una comunidad autónoma a otra con el único y presunto fin de montarle el belén agraviando con voz en trueno o en grito al presidente del Gobierno y a la madre que lo parió con indisimulable intención de ofenderles y, acaso, de provocar al respetable. Pero corto como soy no alcanzo a dilucidar si es ausencia de seso de la edila, imitación ayusesca de la militante, hipertermia guerrera de la activista o simple, porque simple parece y hay que ser, destemplanza hormonal e incluso si no pudiera ser un, aun fuera transitorio, desarreglo neuronal. Lo digo, porque de siempre se enseñó en esta nación de algunos e incluso en el cine foráneo que el perdón o las disculpas se pide o presentan a la víctima del acto y no a la compaña de la que procede el estilo, por cuestión silábica, fruteril mas, en esencia, verduleril.
Sí, sí, escribo tardío y hasta vacilante. Vacilante, sí, porque, apurado, me pregunto si realmente los hechos que hasta ahora me han ocupado, amén de mi tiempo, se merecen los casi dos mil doscientos caracteres dedicados, cuando en verdad lo terrible, lo trágico que, tal parece, muchos no quieren ver es que, a fecha de ayer, cualquiera se atreve a poner hoy, el número de mujeres asesinadas en este país por violencia de género, en lo que va de año, ya es de seis. Seis en un mes. No extrapolemos al año. ¡Da náuseas y rabia!
¡Salud!, y buena semana hagamos.