La elaboración de listas es una lucha a caraprerro, una batalla descarnada por cuatro años más de contrato público con las siglas que no con los ciudadanos. Los partidos políticos son una agencia de colocación, una ETT camuflada para profesionales de lo público. Es interminable la retahíla de concejales y alcaldes en dos días para los que un ayuntamiento no debe ser suficiente. Han presionado para ocupar puestos de salida (así llaman en los partidos a los lugares de la lista electoral que tienen más seguridad de resultar elegidos según vaticinen en cada momento las encuestas) y ‘completar’ así la pobre designación que les corresponda por ediles o portavoces. Es impúdico que, por ejemplo, tanto el próximo alcalde de Valladolid como el próximo líder de la oposición en la ciudad ya se hayan asegurado puestos en el Congreso y el Senado. Las ciudades no merecen su dedicación completa y lo más enervante es que a ellos ni siquiera les escandaliza. Decía Henry Ward Beecher: «Usted y yo no vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos».
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