Hay pocos procesos tan vergonzantes como la elaboración de listas de los partidos políticos. Estaría dispuesto a sacrificar la transparencia democrática para no asistir a este espectáculo suburbial de empujón y machetazo. Hay cosas que es más saludable no ver, entre ellas cómo se hacen en las chacineras los chorizos, y esta es una de ellas. Porque al ser espectador de la batalla entre la dirección nacional y las provinciales, del pago de favores y el cobro de facturas, de ese escarbar codicioso para no quedarse sin salario público lo primero que se pierde es la fe en la democracia. Sería más eficaz para la salud de nuestro sistema parlamentario esconder la elaboración de listas que prohibir la publicación de encuestas los últimos días de la campaña, a pesar de que haya un CIS vestido de Gobierno. Ante este sainete de guerras civiles superpuestas uno se plantea seriamente ni siquiera votar por correo.
La elaboración de listas es una lucha a caraprerro, una batalla descarnada por cuatro años más de contrato público con las siglas que no con los ciudadanos. Los partidos políticos son una agencia de colocación, una ETT camuflada para profesionales de lo público. Es interminable la retahíla de concejales y alcaldes en dos días para los que un ayuntamiento no debe ser suficiente. Han presionado para ocupar puestos de salida (así llaman en los partidos a los lugares de la lista electoral que tienen más seguridad de resultar elegidos según vaticinen en cada momento las encuestas) y ‘completar’ así la pobre designación que les corresponda por ediles o portavoces. Es impúdico que, por ejemplo, tanto el próximo alcalde de Valladolid como el próximo líder de la oposición en la ciudad ya se hayan asegurado puestos en el Congreso y el Senado. Las ciudades no merecen su dedicación completa y lo más enervante es que a ellos ni siquiera les escandaliza. Decía Henry Ward Beecher: «Usted y yo no vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos».
Escondan las listas
15/06/2023
Actualizado a
15/06/2023
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