El programa Erasmus nace en 1987 como intercambio universitario de la UE impulsado por la asociación estudiantil AEGEE, bajo la iniciativa de la estudiante Sofía Corradi quien sufrió la no convalidación de sus estudios en EE. UU.
La idea fundacional fue promover la cooperación entre universidades y facilitar así la movilidad estudiantil, para fomentar el conocimiento y la identidad europea, mientras que el nombre se puso en honor del filósofo humanista Erasmo de Róterdam.
Viendo algunos informes sin valor probatorio alguno y menos aún dato demoscópico, opinión de aficionadillo con algún «soplo fehaciente de alguien», debemos concluir que el programa tiene a su favor la movilidad estudiantil y el intercambio y convivencia entre culturas, además durante este periodo el estudiante vive la experiencia de estar solo en un país de Europa.
Ahora bien, durante este tiempo algunos alumnos podrían tener la tentación de cambiar el estudio concienzudo y metódico, el esfuerzo, por viajes de ensueño y el conocimiento de materias por la degustación de birras, podrían, en condicional, sin que ello pueda significar que sea algo maléfico, no, ¡es que no lo es!
Lo mejor es que, según me cuentan, determinadas asignaturas, OJO, solo aquellas que están regladas, máxime si coinciden con las que son un «hueso» en tu facultad, puedes aprobarlas in situ… ¿Con mayor facilidad que en tu propia Universidad? ¡Casi nada! ¿Y con mejores notas que tus compañeros que no se han ido de Erasmus? ¡Sería injusto!
También alguien me apuntó, según su opinión, que saliendo de casa es muy importante aprender a poner la lavadora… Bueno, pues será así.
Viajar, vivir otras realidades es beneficioso para el crecimiento del ser humano, ya que abre la mente y mejora las habilidades cognitivas, pero, en algunos casos, tengo mis dudas si también actúa sobre el conocimiento de materias académicas… Salud.