Me lo ha comentado varias veces con tristeza mi amigo y director de este periódico, David Rubio. Los medios de internet han provocado que la inmediatez prime sobre el rigor periodístico, para desgracia de los periodistas decentes y, en último término, de los lectores.
Un ejemplo imaginario, no se me alarmen: surge un rumor del tipo «el Ayuntamiento se propone despedir a 40 empleados». Nadie sabe de dónde ha salido ni tiene más detalles. El digital que más interés tenga en dañar al alcalde lo publica al instante. El resto de los medios de internet lo reproducen para no quedarse atrás. Mientras tanto un periódico serio se pone manos a la obra con el fin de contrastar la noticia: llamadas a distintas fuentes, obtención de documentación, averiguaciones sobre los detalles de la información. Finalmente resulta que no habrá 40 despedidos, sino 4 empleados que se jubilan anticipadamente. Pero para cuando el medio decente está en condiciones de publicar la noticia con el debido respeto por su profesión ya han pasado 24 horas, toda una eternidad en internet. Para entonces la noticia, en su disparatada versión inicial, ya se ha difundido en las redes sociales, el alcalde ha sido apaleado en miles de comentarios injuriosos, y una multitud, que probablemente nunca sabrá la verdad, está en la calle poniéndolo a parir en todas las barras, vaso en mano.
Esto es exactamente lo que ha sucedido con la antena que ha aparecido en la Iglesia del Mercado. Un folletín digital, que padece una obsesión neurótica con el párroco del Mercado, publicaba anteayer en internet una amalgama de disparates culpándole de que se hayan instalado «aparatos tecnológicos» (sic) el exterior del templo.
La realidad era fácilmente contrastable, porque el párroco respondió a los medios que le llamaron, dio todas las explicaciones y mostró la documentación pertinente: la Junta de Castilla y León se dirigió al Obispado para comunicarle que había encargado la realización y la financiación de varios trabajos de monitorización de enclaves declarados Bienes de Interés Cultural, mediante la instalación de sensores que enviarían datos a una plataforma digital. El Obispado recibió la comunicación e informó al párroco, y este, que nada pinta en el asunto, se limitó a manifestar a los operarios que acudieron a instalarlo que le parecía una barbaridad clavar aquello en la pared de la iglesia.
Personalmente he visto con mis propios ojos la detallada carta que el Director General de Patrimonio Cultural dirigió al Delegado Diocesano de Patrimonio, que prueba lo que acabo de explicar.
Un tratamiento riguroso de la noticia habría posibilitado un sano debate sobre la gestión de nuestros bienes de interés cultural, que corresponde a la Junta, y que, en el caso de los bienes pertenecientes a la Iglesia Católica, como la Iglesia del Mercado, debería pasar por una Comisión Mixta Junta de Castilla y León - Iglesia Católica encargada de coordinar las intervenciones, planes de financiación y aperturas de los templos o monasterios declarados BIC. Un tratamiento riguroso de la noticia habría recabado la opinión de expertos en patrimonio cultural y de la propia instaladora sobre las ventajas de la monitorización de las condiciones ambientales de los BIC y los perjuicios de la colocación en ellos de los instrumentos necesarios.
Pero a determinados medios sectarios les importa tres pepinos el rigor y la verdad. Para ellos es preferible utilizar cualquier excusa para difamar a quienes ha escogido como objetivo y provocar su linchamiento en las redes sociales.
Por eso cada día es más importante poner en cuestión las noticias que se difunden en internet, discriminar a los activistas y ser sumamente prudentes a la hora de compartir y comentar. De nada sirve pedir responsabilidad a meros propagandistas que se disfrazan de periodistas, los responsables de lo que leemos y de lo que nos creemos somos únicamente nosotros mismos.
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