Con Joaquín, Chicho y la Hermana Silvia, que hablamos durante meses de casi todos los microrrelatos, y hubo risas y algún cabreo, y diferentes miradas.
Y con Bea, que diseñamos varias portadas que al final no fueron y hubo sugerencias, comentarios y nuevos enfoques.
Y con María, Oemí, Ana y Beatriz y dos más ya citados del grupo literario ‘conectivo divergente’, que nos unía la diferencia y, en estos últimos cuatro años, algo más.
Y con Luis, que «últimamente veo que se te da mejor esto de la escritura», y que sacó una foto muy simpática para el libro.
Y con Joaquín, Pacho, Esther y Belén que, en La Nueva Crónica de León, en el Diario de León, en la COPE y en Diariocritico.com hablamos de lo humano y de lo divino, y del por qué este ‘Entre Dios y yo. Microrrelatos para nada (des) moralizantes’.
Y con Marina y Guille, que conversamos un rato en su casa, en El Gran Café, que tan buenos recuerdos me trae.
Y con Jandro y Paco, que captaron con su mirada las diferentes miradas que en nuestro encuentro hubo.
Y con Ana, José Andrés, Silvia, Joaquín y Julia, que hablamos de quién cree en quién, del ‘movimiento slow’, de dónde nos viene la inspiración y de «mejor con unas Ray-Ban, que tanta luz nos puede perjudicar».
Y con Luis José, Bea, Flor y Carolina, que conversamos sobre David Alvarez en Crémenes, de Adán y Eva, del mal en el mundo y de las Personas Altamente Sensibles.
Y con Carlitos, Marta, Hugo, Albertito, Juan Pablo y David, que algunos habían venido de muy lejos, de Avilés y de Córdoba, y conversamos de la justicia, del asesor-escritor, de la crisis de los cuarenta, del trabajo que hace libres, de la planificación y de dónde proceden las buenas obras.
Y con Marcelo, esta vez con tono argentino, y con ‘Isamil9’, Isa, que nos emocionó con su ‘Camino Verde’, su ‘Pan de azúcar’, ‘Me sobra el corazón’ y el ‘No te salves’, de Benedetti, que también apareció por allí.
Y con toda la gente que fue a la presentación del libro, el 11 de diciembre, en El Gran Café, y con quienes no estuvieron, pero hubieran querido estar.
Y con todos mis lectores.
Y por eso, si Esther me vuelve a preguntar qué hay entre Dios y yo, le diré que mucha buena gente, porque en cada uno, no lo dudes, también está Dios.
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