Pasado mañana se cumplen cinco años desde que, el 29 de mayo de 2021, fueran beatificadas las ‘enfermeras mártires de Astorga’ –así se las conoce– en la catedral asturicense por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la entonces congregación –hoy dicasterio– para las Causas de los Santos; una buena ocasión para conocer su historia, ¿no crees?
No habían transcurrido tres meses del inicio de la Guerra Civil cuando, el 28 de octubre de 1936, tres mujeres de familias religiosas, con orígenes en Astorga –María Pilar Gullón Yturriaga, de 25 años; Octavia Iglesias Blanco, de 41, prima segunda de la anterior; y Olga Pérez-Monteserín Núñez, de 23, hija del pintor Demetrio Monteserín–, fueron asesinadas ‘in odium fidei’ en la localidad asturiana de La Pola Somiedo, alcanzando así el martirio. Habían sido enviadas el 8 de octubre como voluntarias de la Cruz Roja a un hospital del ejército sublevado allí situado; pero, finalizado su servicio, quisieron continuar...
El 27 de octubre los ataques afectaron al hospital, y las enfermeras, aun pudiendo huir, decidieron continuar con su labor. Los heridos fueron fusilados, y el personal sanitario, detenido. Tras una larga marcha junto con otros prisioneros –entre ellos, el comandante, el capellán y el médico, que fueron asesinados–, fueron entregadas al comité local de guerra y luego a los milicianos. Y, después de ser violadas y sometidas a vejaciones durante toda la noche, fueron fusiladas –manteniéndose en todo momento firmes en la fe– en un prado al día siguiente, desnudas, a manos de tres milicianas que se repartieron sus ropas; y sus cuerpos, después de ser tratados de forma ignominiosa, fueron sepultados en una fosa común.
La fama de su martirio se propagó con rapidez, y en 1938 sus restos fueron acogidos en la catedral de Astorga; y en 1948, y a petición de la Asamblea Nacional de la Cruz Roja, trasladados a un nuevo mausoleo en la capilla de san Juan Bautista del primer templo asturicense, en donde actualmente reposan.