Decía El Tío Primo, un excelente maestro de Primeras Letras que Soletreaba muy bien, que «para introducir los temas en justa prosapia era adecuado decir como asunto a tratar:«En lo tocante a...», y ya se anunciaba el tema.
Pues bien «en lo tocante a erratas», que creo que trata el director en su predicamento dominical al recordar que un colega puso lo que realmente pensaba y no lo que tocaba al hablar de la «bobificación que nos regala la Junta», me vinieron a la quijotera algunas de las más ilustres que me tocó vivir y, en algún caso, padecer cuando ejercí lo que llaman técnicamente de cierre, es decir, para corregir. Abuena parte, se me escapaban todas y a las ocho de la mañana ya estaba el director con «lo tocante a...»que siempre empezaba con «otra vez la preparaste». Yla verdad, le cogí gusto pues me mandaba quedarme en casa unos días a ver si se calmaba un poco la cosa. Y se calmaba.
Tuve conflictos en lo político, lo religioso y lo social. El de lo político os lo podéis imaginar, ·«quédate hasta nueva orden». La cosa iba de las cajas de ahorro (los más jóvenes ni idea de lo que eran) que se presentaba a presidirla el más alto cargo del Palacio de los Guzmanes, pero su partido —el mismo de Díez y Cendón para que lo entendáis—no lo quería y decidió presentarse por su cuenta, nunca mejor dicho, porque podía al tener cuenta en la Caja.
Eso técnicamente se llamaba «en representación de los impositores»y le hicieron la entrevista de la errata, que se titulaba —o al menos así salió—«me parece perfecto que cualquier impostor pueda presidir la Caja». La verdad, como titular también era perfecto, pero tal vez él quería decir «cualquier impositor». No me dieron tiempo ni a preguntar.
El religioso tuvo más enjundia e indignación. Era un artículo, con poema incluido, de uno del Cabildo de Astorga para honrar a la Santísima Virgen María. Decía algo así:«Que bella estás Madre, adornada con puntillas, pidiendo a Dios Padre...». Yalgo pasó con la ene, que los duendes de la imprenta colocaron a la Madre rodeada adornada con putillas.
Aquel hombre se tiró al monte, con razón; el director se colgó de la lámpara, la teclista del texto tuvo una salida genial en lo tocante a la explicación:
- ¿Qué le pasó a la ene del poema?;le preguntaron, y ella respondió con otra pregunta de ascendencia asturiana:«¿Cayose, tirose o fue empujada? Pero desapareció».
Como decía uno que acabó de mano derecha de otro que lleva en el coche oficial desde la Segunda Comunión cuando argumentó ante una errata que «fue un error» y no se lo dieron por válido:«Fue un tremendo error». Ahí ya coló.
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