Fue devastador perderla después de una larga lucha en la que ella combatió con bravura. La joven de Virginia Beach, que hizo honor a su nombre de raíces gaélicas: Carroll: «valiente en la batalla».
Y aunque Reid estaba mentalizado para el adiós, no pudo evitar dejarse invadir por cierto estado de melancolía tras su partida, entregado a los recuerdos, como el de aquella sesión de cine al aire libre, a la luz de la luna, al inicio de su noviazgo. Mecidos por rumor de olas, veían a Tom Hanks clamando: «¡Houston, tenemos un problema!», a bordo de la Apolo 13.
«Algún día yo sí miraré a la luna cara a cara, cariño, y no habrá problema ninguno».
Y compartieron el sueño iniciando una familia juntos, mientras él se hacía piloto de pruebas y aviador naval y ella, además de dos niñas de cosecha propia, traía niños al mundo como enfermera pediátrica en varios hospitales arropándoles con la nana ‘Lacy moon’ de Laurel y Hardy para arrancarles una sonrisa. La misma que fueron perdiendo a medida que el cáncer de ovarios la devoraba. Y cuando quedó en la difícil odisea de crianza en solitario, fueron Katie y Ellie las que más animaron a su padre para cumplir la promesa que le hiciera a Carroll.
6 de Abril de 2026. Cuarenta minutos de ‘blackout’ en el que los cuatro experimentaban una impactante sensación de desamparo en medio de un silencio demoledor. La luna, ejercía de barrera física imposibilitando cualquier señal de radio. Quietud que les permitió entregarse a la contemplación de los sutiles matices de color que regaban la superficie lugar en tonos marrones y azules. Terreno desigual cuajado de cráteres, uno de los cuales ya tenía un destino concreto reservado en su memoria.
Ya se lo habían consultado a Kelsey Young, la científica principal de Control de Misión, y les había ayudado a elegir a los dos cráteres brillantes y jóvenes aún sin bautizar. El de aproximadamente cinco kilómetros de ancho, sería el elegido. Bien situado, en el límite entre la cara visible y la cara oculta, lo que le permitiría ser visibilizado desde la tierra.
Se restablecieron las comunicaciones, y las palabras de Hansen, compañero del comandante de la nave, Reid Wiseman resonaron firmes, a 406.676 kilómetros, aunque entrecortadas por la emoción: «Perdimos a un ser querido. Su nombre era Carroll, la esposa de Reid, la madre de Katie y Ellie. Y si quieren encontrarla, miren a Glushko, y está justo al noroeste de allí, a la misma latitud que Ohm, y es un punto brillante en la luna. Y nos gustaría llamarla C-A-R-R-O-L-L».
«Te dije que miraría a la luna cara a cara, cariño, y al mirarla ahora, siempre te veré a ti».