Imagen Juan María García Campal

De lo emocional y la memoria

14/10/2026
 Actualizado a 14/10/2026
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No le falta razón al que un día califiqué de «oncólogo social» cuando, en el Círculo de Empresarios Vascos comparó el absentismo laboral con un cáncer y más recientemente, y sin nombrar a Maricarmen Abascal, dijo que el PSOE intenta manipular a los españoles con el problema de la vivienda. No, no le falta razón porque, aun cuando a lo largo de estos ocho años algunos de los parches ideados a dicho problema por el Gobierno de coalición fueron pinchados por el PP y sus malas, si no perversas, compañías de vario nacionalismo extremo, la verdad es que socialista e izquierdista el PSOE sólo se pone en periodo electoral, cayendo en una fatal amnesia una vez alcanzado el gobierno, sobre todo si es en solitario, es decir, sin nadie que le recuerde su S de socialista, su O de obrero y los compromisos asumidos y firmados con su socios a la izquierda y que, por cierto, son los más reticentes a pagar o cumplir (prioridad fue la amnistía). No hay nada más que ver cómo la cita discursiva del nombre de Maricarmen y de la gravedad del problema de la vivienda y sus desahucios crece en boca de los líderes y portavoces socialistas según va aumentando la movilización social en las plazas y calles patrias. Es decir, una vez más, a remolque de la desengañada ciudadanía de izquierdas (OTAN de entrada NO).

Mas convendrán conmigo o no, pero déjenme que se lo diga, que tanto a mí como a más de un conocido, una vez más, y ante las próximas elecciones generales, quien verdaderamente nos moviliza a votar, más en su contra que a favor de a quien lo haga –bien sea con mínima esperanza, bien con total desgana, bien con pinza en la nariz–, son las extremas derechas. Sí, las que, ahora, representa el que iba de centrado PP, con su moderado líder, Nuñez Feijóo, a la cabeza y me ahorro la cita de sus prudentes portavoces, cuando no corregidores, Ester Muñoz y Miguel Tellado. Así que qué decirles ahora que ya en varias comunidades autónomas cogobiernan con Vox con total contento por su parte aun los retrocesos.

Sí, lamento confesárselo, pero quien moviliza mi memoria y mi lado emocional –por suerte no muy dispar del racional– son ellos. Por ello aún no sé a quién votaré, pero sí a quién no lo haré. Más después ver hoy, día patrio, en los asedios a la pacífica acampada de la capitalina Plaza del Sol los saludos y enseñas fascistas y escuchar los gritos de «rojo muerto, abono para mi huerto», «rojo que veo, rojo que pateo» y, sobre todo, su ensordecedor silencio de «demócratas de toda la vida». 

¡Salud!, y buenos días hagamos.

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