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El embudo prevacacional

05/07/2026
 Actualizado a 05/07/2026
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Llegó el tan ansiado verano (¿usted cree, señor guardia?) y la mayoría de la gente quiere disfrutar de eso que los nuevos tiempos han dado en llamar ‘desconexión’. O lo que es lo mismo: gozar de unas felices y prósperas vacaciones (al estilo navideño), que cada cual se monta como puede y su bolsillo le permite. Que suele ser la madre del cordero. Ahora bien –y esto es algo irrefutable–, con eso de los créditos personales, al consumo o como quiera que se llamen en la actualidad, las penas son menos, aunque la deuda se arrastre durante todo un año. Es la respuesta de esta sociedad atribulada y hostigada que soporta carros y carretas mes tras mes. La política y sus consecuencias económicas marcan la pauta del españolito de a pie, a quien guarde Dios (versión libre del poemario ‘Campos de Castilla’, de Antonio Machado). 

De manera que en este mundo traidor, donde «nada es verdad ni mentira» (dixit Ramón de Campoamor), también hay quienes no descansan por intereses innobles. O, si cabe, algo más inconfesable. Arrimar el ascua a la sardina es la orden y el objetivo a seguir, pase lo que pase y ocurra donde ocurra. Resumido podría ser aquello de haz lo que yo te diga, pero no lo que yo hago. Todo un tratado de cinismo prevacacional a la carta, en torno a una mesa… ¿de ministros? Pues parece que sí. Y cómo ha cambiado el cuento, oiga.

Cuando saltó a la opinión pública –mejor dicho lo empujaron– el follón de Alberto González Amador, el novio (ahora se dice pareja) de Isabel Díaz Ayuso, las fuerzas vivas socialistas y las mediáticas afines brincaron como resortes contra la presidenta de la Comunidad de Madrid. Como hienas. Era un buen (o mal) motivo para cargársela y hacerle fosfatina. Y ella se defendió y defendió a su enamorado con uñas, dientes y ganchos al hígado de los acusadores. ¡Qué escándalo! ¡La presidenta de los madrileños sosteniendo a su chico! ¡Qué atrevida! Desde Moncloa, que equivale a decir desde Ferraz, no daban abasto con la gasolina. Y cuanto mayor fuera la pira, mejor. De momento no han podido inmolarla. 

Pero mire usted por dónde, de buenas a primeras, aparece entre las brumas de un horizonte indefinido la figura de Begoña Gómez, –‘la presidenta’, que diría Patxi López traicionado por el subconsciente– y toda la grey disciplinada del puño, la rosa y el aguijón desnudo sale en tromba. Son los corifeos del ‘amo’. Y actúan. Incluidos los responsables de las carteras ministeriales, reconvertidos en periquitos (no confundir con los aficionados del Espanyol de Barcelona), para repetir, y dale que te pego, el argumentario monclovita. Begoña es inocente. Es un ángel y todo son infundios. Y el más nuevo: «Yo con Begoña». 

Y hete aquí, que con eso de la retirada del pasaporte de la interfecta (léase según la segunda acepción del diccionario de la RAE), hasta el mismo superministro Félix Bolaños ha salido al ruedo para proclamar a los cuatro vientos, que la mujer del ‘amo’ es persona en quien confiar y no va a fugarse. ¡Qué alboroto! ¡Y qué ley del embudo!, cabría decir. Con Ayuso, no. Con Begoña, sí. Váyanse (todos) a escardar cebollinos.

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