Corregíamos los deberes. Entre afijos, lexemas y sufijos bailaba la tiza en la pizarra diseccionando palabras. Tocó una de las difíciles: Emboscada.
De entre la espesura de sus inquietas mentes divergentes comenzó la lluvia de respuestas a discreción: Yo creo que viene de emboscar. ¿Qué significa emboscada? ¿Cómo va a venir de bosque?
Un bosque como el que ellos conforman y habitan. Algunos, tallos espigados. Otros, bajos, y menudos, o grandones y tímidos, u osados, desafiantes, morenos y blancos. De inmensos ojos azules y otros almendrados canela. De piel fina aniñada o salpicada por el primer acné vigía de la adolescencia. Unas especies autóctonas, otras foráneas. Diversidad conviviendo en simbiosis frágil. En ocasiones cócteles hormonales al borde del estallido y a veces oseznos que juguetean entre palmeos y manotazos, otras, hojas movidas por el viento expuestas a los rigores de un clima no siempre benigno. Bosque diverso, poblado de ecosistemas que aprenden a convivir en armonía a pesar de las diferencias. Habitado a veces por criaturas expuestas a depredadores que las atemorizan. Habitantes que han comenzado la búsqueda de su identidad. Espacio de oxígeno donde las diferencias suman y aportan colorido y variedad al paisaje cuajado de sonidos y voces distintas.
Un bosque humano que requiere atención y respeto a la diversidad. Y son esos árboles distintos, esas especies variadas, las que regalan biodiversidad. Un paisaje que se debe cuidar y mimar como césped recién salido bajo rocío nocturno o árbol diminuto que es proyecto de futuro. No talar y cercenar por el filo de programaciones y normas que pretenden uniformar la masa forestal heterogénea para convertirla en un explotación uniforme cuya floresta se agosta asfixiada por la torpeza del cuidador. Porque el profesor que les cuida no puede ser un leñador implacable, sino un guardabosques que preserve y apague fuegos.
Y mientras la tiza sigue su curso, ruego al cielo despejar la maleza y asomarme entre las ramas, para redescubrir ese bosque maravilloso que se abre ante mis ojos.
Me doy la vuelta para escuchar al elegante abedul que toma la palabra: «pues mira, es algo así como cuando vas con tu madre y te encuentras con el profe, y va y te dice ¿has hecho ya los deberes?. Eso significa la palabra derivada em-bosc-ada».
No puedo evitar lanzar una pequeña carcajada por la feliz ocurrencia de este alumno adorable.
Espero que la próxima vez que nos encontremos por la calle, no se esconda detrás del primer árbol que pille, temeroso de que esta profesora de lengua vaya a tenderle una emboscada.
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