Cristina Vega 2

El elefante en la habitación

17/02/2026
 Actualizado a 17/02/2026
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El malestar generalizado aumenta dentro de una sociedad enjaulada por el hartazgo y el descontento, hasta un punto en el que se empiezan a normalizar situaciones y sucesos que tendrían que ponernos los pelos de punta.

Algunos colectivos salen a la calle manifestando este sentimiento con reivindicaciones tan legítimas como ignoradas, la lista es cada vez más larga. Sanitarios, agricultores, ganaderos, profesores, maquinistas de trenes…

Ciudadanos tratando de no terminar ahogados en medio de una marejada provocada por trabajos inestables y precarios, por la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, por esos precios que no paran de batir récords…

Desbordados de rabia e impotencia contemplando el desmantelamiento de los servicios públicos y el maltrato que reciben, cuando se supone que el dinero que se recauda con los impuestos debería ir destinado a mantenerlos y reforzarlos.

Parece que nos hemos quedado atrapados dentro de un círculo vicioso complicado de romper. Cada vez nos llaman menos la atención las mentiras, las estafas, la falta de escrúpulos de los políticos y de esas personas con tanto dinero y poder en general, que juegan a mover los hilos de un país o del mundo mirando exclusivamente a su propio ombligo.

Estamos en carnavales, la gente trata de divertirse echándose a la calle con o sin disfraz. Risa, buen humor, ambiente festivo, algo muy necesario.

También el sábado se celebró San Valentín, día del amor y de la amistad, dos cosas que se hacen imprescindibles.

En una sociedad gobernada por las prisas, cada vez más deshumanizada y dependiente de la tecnología alegra que se puedan vivir aún sensaciones insustituibles.

Como la de pasar un buen rato con la familia, el grupo de amigos o la pareja.

Y lo reconfortante de una cerveza y una conversación compartida cara a cara, un abrazo o un beso.

Sin embargo, algo va mal, lo sabemos. Ya lo aceptamos encogiéndonos de hombros, es lo que hay. Hemos aprendido a pasar de ese elefante que tenemos en la habitación.

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