Si en una campaña habitual se trabaja para convencer a los indecisos hasta ese último momento en que estén delante de las papeletas en su colegio electoral esta vez puede que el esfuerzo sea en vano. El CIS dice que hasta un 35 por ciento decide su voto durante la campaña, pero la campaña no dura lo mismo o no ha existido siquiera para un buen bocado del electorado. Casi dos millones y medio de personas han solicitado el voto por correo mientras que hace cuatro años no se llegó al millón. En las recientes autonómicas y municipales la diferencia entre PP y PSOE fue de 750.000 votos.
Dos millones y medio de ciudadanos sin jornada electoral o para los que su jornada electoral puede ser o haber sido cualquier día de julio. Un indeciso puede votar distinto el martes (resaca del cara a cara) al próximo lunes. Esta campaña ingobernable pierde interés según avanzan los días sin poder determinar si quiera cuándo entrará en los minutos de la basura. Una excepcionalidad que quiere aprovechar Sánchez para la milagrosa remontada. Veremos si su mente maquiavélica ha sabido acompasar las maletas y las colas en Correos con los días del PSOE al alza.
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