06/07/2026
 Actualizado a 06/07/2026
Guardar

De nuevo, un cálido día asola León y con este, la incertidumbre que muchas personas sienten cada día al despertar. Esta inseguridad, viene de la inestabilidad que se puede observar en determinados sectores como el laboral e incluso, con la vivienda. 

Por todo esto, me surge una pregunta: «¿Realmente, nacemos con el derecho a elegir?».

De niños, en la infancia, nos sostiene la familia y en general una sociedad educativa que se supone que nos cuida. Sin embargo, tras la adolescencia, llegamos a una adultez que simplemente nos quiere monetizar a toda costa. De ahí, surge mi cuestión, si tenemos que vivir por y para producir, en qué medida somos libres de elegir. Si recapitulamos, podemos escoger de qué trabajar, aunque siempre y cuando nuestro contexto socio-económico nos lo permita. Podemos escoger en dónde vivir, aunque siempre dependiendo de si tenemos los medios para desarrollarlo. Podemos decidir qué comer, aunque volviendo a la misma incongruencia, dependiendo de nuestro contexto. 

Entonces, comienzo a pensar en los contextos individuales y en por qué, no es lo mismo, nacer en España que en Venezuela o simplemente ser mujer que hombre en la sociedad actual. Y me doy cuenta, de que nuestras decisiones, forman parte de una matriz social que nos obliga a adaptarlas a esta y por eso, existen personas que pueden estirar un poco mejor el derecho a elegir, aunque este, siempre estará muy condicionado a su estatus económico y social.

Definitivamente, veo que los derechos humanos en el mundo se están volviendo cada vez más un privilegio, que una realidad que todos los territorios deberíamos tener.

Por ello, debemos recordar nuestra historia y origen, para intentar no repetir aquellos errores que nos han limitado los derechos.

Quién sabe, a lo mejor, algún día elegir la vida, ya no sea una utopía.

Lo más leído