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El primer verano zurdo

06/09/2018
 Actualizado a 15/09/2019
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Se nos escapa otro verano. Este primer verano rojo en que atardece por el Valle de los Caídos y quizás el último que nos arrastre a la melancolía del otoño con un cambio de hora. El verano de Pedro Sánchez en La Moncloa y en Quintos de Mora, empeñado él en que sea solo el primero, que aquello de convocar elecciones se le olvidó incluso antes de probar el Falcon y las cumbres internacionales. Cumple esta semana tres meses su Gobierno, estío y hastío sanchista para depurar hasta los pasillos de los ministerios, todos los despachos de las empresas públicas e incluso RTVE que aun nadie sabe si será más independiente pero sí más zurda. El Ejecutivo que abrió los puertos y cerró las vallas, que hasta en esto de intentar alcanzar Europa hay clases de inmigrantes y debe de ser más desesperado lanzarse al mar que a las concertinas.

Sopla tres meses y le veremos cumplir más de cuatro cuando el presidente guapo reciba en la escalinata de La Moncloa a Juan Vicente Herrera. Aquí no hay urgencia en terminar la primera ronda con los presidentes autonómicos, que queda mucha legislatura (Torra mediante) y todo el mundo sabe que Castilla y León es tierra de urgencias perpetuas y desgastadas. Los últimos hasta en el orden estricto de aprobación de estatutos de autonomía que marca el calendario de encuentros de Sánchez. Llegarán antes que Herrera los primeros grupos de ciudadanos que se paseen semanalmente por el palacio y se hagan un ‘selfie’ en su despacho; es el gobierno para las personas y menos para sus representantes.

Así en esta vuelta de vacaciones por aquí, mientras se nos empieza a caer el moreno de playa, la política se despereza acordando las reivindicaciones que le planteará Herrera. Consensuadas y negociadas con todos los grupos políticos de las Cortes, como en el resto de ocasiones que fueron olvidadas o aplazadas. La última tregua antes de la encarnizada batalla hacia las elecciones autonómicas y municipales de mayo. El penúltimo servicio del actual presidente de la Junta de Castilla y León será entregarle, ahora a Pedro Sánchez, esa carta de siempre que no se cumple nunca y que cada vez copia con mejor caligrafía. Con sus infraestructuras urgentes como la finalización de la A-60 y de la A-11. Las llegadas con retraso del AVE. La inaplazable archivada reforma de la financiación autonómica y la imperiosa estrategia de cuidados paliativos contra la agonía de la despoblación. Esa posición de comunidad que defiende Tudanca aunque la desbarate el siguiente Consejo de Ministros. Para este Ejecutivo la transición energética tiene origen pero no destino, es un viaje a ninguna parte que condena territorios. Ni el carbón, ni las nucleares, ni las renovables. Que también se cierra Vestas con el apoyo de la ingenuidad del Gobierno aceptando el veto de la empresa danesa a la presencia de la Junta de Castilla y León en la reunión más importante. Para espetarle sin malas caras enfrente, y sin que se les caigan las subvenciones de vergüenza, a Teresa Ribera que en León cierran pero invertirán en Lugo y en Ciudad Real. Y oye, que la ministra defiende ese «de España» que hay grabado en su cartera.

Hoy saldrán a la calle en León para apoyar a los trabajadores de Vestas, como antes a las térmicas y a los mineros, como en Burgos no hace tanto para pedir la continuidad de la Central de Nuclear de Garoña. O alternativas, esa palabra hueca y sorda. Porque se acaba el verano, y aquí vuelve a soplarnos en la nuca el otoño. Vamos, como siempre.
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