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El plan ‘viejoven’

18/01/2018
 Actualizado a 16/09/2019
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En política existen tres estados elementales: precampaña, campaña y el de camarero ocupado. Este último apenas suele durar año y medio (y menguando) y consiste en el letargo de ideas pero hiperactividad en las formas. Es ese camarero con el que todos nos hemos topado que revolotea pero ni atiende clientela ni limpia la barra. Este inicio de 2018 ha despertado de esa hibernación hiperactiva a los políticos. Queda año y medio para las elecciones autonómicas y municipales de 2019 y hay que ponerse en modo precampaña. La precampaña, ese periodo difuso que sabemos que acaba en campaña pero nadie podría ubicar su inicio. O quizá peor, cada político al que preguntes señala una fecha distinta. Es el momento de marcar territorio y aventurarse a conquistar nuevos electorados, de trazar el plan con el que seducir a los ciudadanos. En esta ardua tarea, y con las lecciones que se hayan podido aprender de la crisis en Cataluña y las elecciones del 21 de diciembre, están entretenidos nuestros líderes.

Castilla y León es el granero de votos del Partido Popular y por eso Alfonso Fernández Mañueco anda preocupado por la mala cosecha. El granero conservador de una comunidad envejecida se vacía por ley de vida y existe el miedo a que los nuevos trigales los sieguen otros... como en Cataluña. Así que ya ha anunciado su plan: un PP innovador y que incorpore a los jóvenes. A ese PP le llevamos esperando treinta años, aunque hay que reconocer que Mañueco, en su prácticamente un año al frente del partido, ha sido innovador. Ha conseguido una bicefalia que funciona (tras los cruentos intentos socialistas) a costa de un presidente Herrera casi emérito y una estabilidad envidiable en estos tiempos tanto para el ejecutivo autonómico como los ayuntamientos donde gobierna con el apoyo de Ciudadanos. Ahí está el problema. Las juventudes del PP son Ciudadanos y al hacerse mayores aquí también podrían jubilarlos. Curiosidades de la política, los jubilados son el objetivo del plan para PSOE y Podemos. Para ampliar su espacio en Castilla y León (y mira que aquí tenemos horizontes lejanos) necesitan envejecerse. A esta batalla se han lanzado juntos pero no revueltos, aunque no hay nada que una más que un enemigo grande. Este fin de semana arropan e impulsan la que esperan sea la gran manifestación en Valladolid por la sanidad pública y contra la gestión del PP. Una movilización que trae los pueblos a la capital. Es más fácil que recorrerlos todos aunque Luis Tudanca esté a punto de conseguirlo en su empeño porque le reconozcan cuando lleguen los carteles y las banderolas. Podemos también levanta polvo rural, incluso Pablo Iglesias eligió para su retiro una casa del sur de Ávila, y agita cualquier pancarta que le ofrezca un aldeano. El pasado domingo organizó un encuentro con personas mayores. Dijeron que para conocer sus problemas pero yo creo que en cuanto se fueron las cámaras les preguntaron directamente cómo podían envejecer más rápido. «¡No queremos ser jóvenes, ayúdenos!». Les aconsejarían con prisa, que luego tenían cita para que los socialistas les contaran sus nuevos impuestos para garantizar las pensiones. Para que luego digan que aquí no se apuesta por el envejecimiento activo. Qué bien lo contaría Tomás Hoyas.

En el albero nacional padecen la misma miopía política y eso que falta un año más para volver a las urnas. Pero con la legislatura mediada aún no hay casi noticias del ansiado pacto educativo, la urgente reforma de la financiación autonómica o la necesaria puesta al día de la Constitución. Revolotean entre Madrid y Barcelona, camareros ocupados ante la mirada atónita de la clientela. Oye, que están muy liados.
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