Hay noticias que, en apariencia, pertenecen únicamente al ámbito del deporte y, sin embargo, terminan diciendo mucho más sobre una sociedad que cualquier estudio sociológico. La nueva camiseta de la Cultural y Deportiva Leonesa, inspirada en los colores del denominado pendón del Reino de León, es una de ellas. Quien la contemple verá unas franjas verdes y rojas; quien conozca la historia de esta tierra descubrirá, además, varios siglos de memoria colectiva cosidos sobre una tela destinada a recorrer los estadios de España.
La primera reacción ha sido inevitable: «el pendón está de moda». Confieso que la frase me produjo una leve sonrisa y a la vez una profunda reflexión. Después de dedicar buena parte de mi vida al estudio de estas enseñas y de haber tenido el privilegio de dirigir los congresos celebrados en León y Zamora, resulta gratificante comprobar que un símbolo que durante mucho tiempo permaneció casi circunscrito al ámbito rural ha acabado irrumpiendo en la escena pública. Pero sería injusto atribuir este momento a una simple moda, porque las modas pasan y los pendones llevan siglos resistiendo al tiempo.
Han sobrevivido gracias a generaciones de vecinos y vecinas, personas anónimas que los conservaron y los portaron cuando nadie hablaba de patrimonio inmaterial, cuando no existían ayudas para restaurarlos y cuando su mayor reconocimiento consistía en mantener viva una tradición encabezando una procesión o una romería. Fueron ellos quienes comprendieron que aquellos grandes tejidos no eran un mero adorno festivo, sino la representación visible e identitaria de una comunidad y de una historia compartida.
Con esa convicción, bajo la efeméride del quinto aniversario de la declaración de los pendones concejiles del antiguo Reino de León como Bien de Interés Cultural, nació en el año 2024 el primer Congreso sobre Pendones celebrado en León al amparo de la Asociación de Pendones Reino de León. Un encuentro interdisciplinar y abierto a la sociedad en el que pretendimos reunir a especialistas de distintas disciplinas con el fin de estudiar un patrimonio, aparentemente minoritario e incluso denostado, que apenas había recibido la atención académica que merecía. «Los pendones se hace académicos» recogía una noticia de aquellos días en la prensa leonesa... La respuesta superó cualquier expectativa y cristalizó en un primer volumen colectivo -hoy ya agotado- que, bajo el título «Nuestros Pendones», se ha convertido en una referencia para investigadores y amantes de este tipo de patrimonio inmaterial.
El II congreso «Los Pendones: historia, conservación y puesta en valor de un bien inmaterial» celebrado este año 2026 en Zamora ha confirmado que aquella intuición era acertada. La investigación continúa creciendo y pronto verá la luz un segundo libro que recogerá nuevas aportaciones sobre la historia, la conservación y la restauración, así como el significado cultural de los pendones leoneses, zamoranos o mirandeses entre otros. Cuando el conocimiento se comparte, se publica y se difunde, el patrimonio deja de pertenecer únicamente a quienes lo custodian para convertirse en un legado accesible y deleitable para todos.
En ese contexto, la decisión de la Cultural adquiere un valor que trasciende el marketing deportivo y publicitario. Una camiseta tiene una capacidad de difusión y proyección que difícilmente alcanzan los congresos o los libros especializados. Miles de personas se preguntarán por qué esos colores, qué representan y cuál es su origen. Si esa curiosidad conduce a descubrir la riqueza histórica del antiguo Reino de León, el deporte habrá prestado un magnífico servicio a la cultura y, por ende, un reconocimiento a los cientos de pendoneros y pendoneras que durante siglos han mantenido viva esta tradición «tan nuestra».
Quizá, el verdadero cambio no sea que el pendón esté de moda, sino que, por fin, hemos aprendido a mirar nuestro patrimonio con otros ojos y desde otro prisma. Entendemos que la tradición no consiste en conservar el pasado inmóvil, sino en permitir que dialogue con el presente sin perder su autenticidad.
Por eso, cuando vea esa camiseta sobre el césped, no pensaré únicamente en fútbol. Pensaré en los ciudadanos anónimos que, con orgullo, unidad, fuerza y equilibrio, siguen izando y desfilando sus mástiles, en los investigadores que continúan desentrañando su historia, en los restauradores que recuperan su apariencia y riqueza textil y en tantos hombres y mujeres anónimos que hicieron posible que esos colores llegaran hasta nosotros. Porque los símbolos solo permanecen vivos cuando cada generación encuentra una nueva forma de hacerlos suyos y es capaz de legarlos a las generaciones futuras. Y quizá esa sea, precisamente, la mejor definición de patrimonio.
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