Quizás recuerden que hace un par de semanas hablábamos del empeño de algunos científicos en prolongar la vida hasta el extremo de robarle la guadaña a la dama de negro. Es propio de la naturaleza de todo ser vivo perseverar en su existencia, no dejar de ser. Pero ¿estamos seguros de que no nos arrepentiríamos si viviéramos por siglos y siglos? Preguntada por esto, Adela Cortina, respondió al periodista que ella no tenía ilusión por vivir doscientos años ¿Para qué? Respondía que más valía tener una vida llena, encontrarle el sentido y sacarle todo el fruto. Creo que en esto nos pasa lo mismo que con la comida, que se llena antes el papo que el ojo. Aprendamos primero a vivir la vida que tenemos y luego ya veremos si nos hace falta más. Descubramos la maravilla del instante, que es único y nunca volverá.
Ulises, héroe famoso por su inteligencia, lo sabía bien. Cuando Calipso, enamorada de él, le ofreció la vida eterna para que no la abandonara, Ulises respondió: «No lo lleves a mal, diosa augusta, que yo bien conozco cuán por bajo de ti la discreta Penélope queda. Mi esposa es mujer y mortal, mientras tú ni envejeces ni mueres. Más con todo yo quiero regresar y no me importan los males que me cueste». Comamos lo que tenemos en el plato antes de pedir más.
Y la semana que viene, hablaremos de León.
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