La conocida frase de Carlos Marx, que dice que «la religión es el opio del pueblo», siempre se ha considerado como un ataque a la religión. De hecho en los países comunistas o influidos por el comunismo la persecución religiosa ha sido escalofriante. Sin embargo hoy quisiéramos señalar lo que de positivo se puede encontrar en esta expresión.
Lo que Marx quería decir es que la gente oprimida por el capitalismo, al ser creyente y esperar llegar al cielo, se resignaba a sufrir la injusticia y la explotación y no luchaba para defender sus derechos. En este sentido la religión se comportaría como un calmante, como una droga que tranquiliza o anestesia a la gente. Por ello la religión sería un enemigo de la revolución y habría que combatirla. Esta teoría de Marx tiene un cierto parecido con el argumento de la novela de Unamuno ‘San Manuel Bueno mártir’. Se trata de un cura que no creía en Dios, aunque nadie lo sabía, y que tenía fama de santo por lo bien que predicaba, pues no quería desilusionar a sus feligreses, que se sentían felices viviendo intensamente la fe en Dios. Y es que realmente la religión ayuda a ser más feliz. Las encuestas lo dicen muy claro: la gente más feliz se encuentra entre los creyentes. La religión no es una droga, pero ayuda a sentirse bien.
Decimos todo esto inspirados en un informe reciente sobre el modelo educativo de Finlandia en el que se dice que las claves del éxito se deben a que se trata de «una formación gratuita, con buena formación delprofesorado y utilización de prácticas pedagógicas tradicionales en contraposición con las nuevas tendencias pedagógicas». A lo que se añade el excelente tratamiento dado a la asignatura de religión en las aulas, que contrasta con el acoso y progresivo arrinconamiento que ha sufrido la materia en el sistema educativo español en los últimos años. Por el contrario la religión es sumamente importante en Finlandia, logrando «perpetuar unos valores en los alumnos, que ayudan a combatir el individualismo de la sociedad de este país y a prevenir la violencia en las aulas».
Con frecuencia criticamos a nuestros jóvenes por sus ansias de botellón, de alcohol y de droga. Pero, aunque no podamos estar de acuerdo con su conducta, entendemos que sientan un vacío tan grande, precisamente por la ausencia de los grandes valores religiosos, que no sorprende que tengan que buscar sucedáneos en el verdadero ‘opio’. Más les valdría, dicho con las palabras de Marx, consumir el mal llamado «opio del pueblo».
El opio del pueblo
19/10/2021
Actualizado a
19/10/2021
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