Tiene la política esa virtud hinduista de las reencarnaciones en un ciclo sin fin en la Rueda de Samsara. La muerte (política) da a paso a la vida siguiente ya sea en la última fila del hemiciclo, en la soledad de la oposición o en el barro de una candidatura municipal que el partido haya dado por perdida. Sin embargo, en este tiempo tan loco que sufrimos donde las victorias son ácidas y las derrotas acaban en coche oficial, el gato político solo necesita de paciencia y capacidad de sufrimiento para superar incluso el reto de las siete vidas. El gato político común es esa persona que una vez que tocó cargo decidió que su profesión sería aportar para mejorar la vida de las personas; quería decir, mantenerse a flote a toda costa en la inestabilidad de la estructura de partido y del devenir de las legislaturas en las administraciones. Poco importa cuantas veces sea atropellado, expulsado, caído espanzurrado desde cualquier ventana. Asume con estoicismo que hay épocas que toca ser el vagabundo y otras Garfield comiendo lasaña. Miren a Pedro Sánchez.
La tormenta en Andalucía, que es tan solo el preludio de la temporada de huracanes que nos espera en 2019, ha desatado en el PSOE los maullidos que había silenciado habitar La Moncloa. Los susanistas, aquellos que perdieron las primarias ante el renacido, sacan las uñas. Estaban agazapados, pero estaban. No dejan de ser felinos. La vallisoletana Soraya Rodríguez abrió la veda en la reunión del grupo parlamentario del Congreso de los Diputados este martes. Un encuentro casi de trámite y que acabó en reyerta, algo así como suele suceder con las reuniones de la comunidad de vecinos. Rodríguez apeló a la reflexión y culpó de todo a la moción de censura. Los de Susana están convencidos que las andaluzas las ha perdido Sánchez y ninguna responsabilidad de la debacle es de la sultana, ni de su gestión, ni de una campaña pobre, ni de los desmanes en 36 años gobernando Andalucía. También habló Barreda y ambos volvieron a las fotografías y titulares de los periódicos que les había negado el destierro de la derrota. Marcando territorio para la vida siguiente. Soraya Rodríguez, la otra Soraya aquí a orillas del Pisuerga, quiere una reencarnación a sumar a las que le brindó Zapatero y Rubalcaba. El Sánchez de esta semana, el que acaba con el juego de los independentistas y donde por primera vez se atisba la defensa del Estado, agoniza en la falta de apoyos. Que gire la rueda.
Tiene hasta cierta guasa que el numerito de Soraya Rodríguez coincidiera con la redención de Javier León De la Riva. Recuerden que se enfrentaron en unas municipales al Ayuntamiento de Valladolid en 2007, en aquella campaña de la que guardamos para el folclore de la ciudad la coplilla de De la Riva sobre los trenes y el tranvía. Perdió el PSOE con trece concejales, cinco más de los que tiene Óscar Puente. Pero era el tiempo del bipartidismo, cuando solía gobernar quien ganaba las elecciones, aquella era otra España. El ‘popular’ amenaza ahora con querer vida extra tras la absolución judicial, no se fíen nunca de un animal malherido.
El gato político es toda una forma de hacer política, quizá la única posible en un gremio que paga traidores.
El gato político
13/12/2018
Actualizado a
18/09/2019
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