El Día del Bierzo volvió a dejar una apelación a la colaboración institucional para afrontar los retos de la comarca. Gobierno, Junta, Diputación, Consejo Comarcal y Ayuntamiento coincidieron en reclamar coordinación ante problemas como los incendios, la transición energética, la pérdida de servicios públicos o las infraestructuras pendientes. El diagnóstico es correcto, pero pierde credibilidad cuando se limita al calendario festivo. Resulta difícil aceptar llamadas a la unidad mientras, durante el resto del año, esas instituciones convierten cada asunto en una oportunidad para el reproche. Ocurrió incluso en los discursos, donde la mano tendida convivió con acusaciones cruzadas sobre inversiones, responsabilidades y compromisos incumplidos. La contradicción es evidente. No se trata de esconder las diferencias políticas ni de renunciar a la fiscalización de quienes gobiernan. La discrepancia es necesaria en democracia, pero no puede degenerar en un enfrentamiento permanente que bloquee cualquier posibilidad de acuerdo. Cuando cada propuesta se juzga por quién la presenta y no por su utilidad, quienes terminan pagando las consecuencias son siempre los ciudadanos. El Bierzo necesita acuerdos, prioridades compartidas y capacidad para exigir conjuntamente aquello que le corresponde. Sin embargo, demasiadas veces las fobias personales, las rivalidades partidistas y los cálculos electorales se colocan por delante de los intereses ciudadanos. Es una deriva presente en la política y especialmente dañina para territorios que acumulan problemas, como sin duda es el caso.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.