El problema de Feve en León nunca fue únicamente ferroviario. Ha sido, durante años, el símbolo perfecto de una infraestructura mutilada, de una obra interminable y de una sucesión de promesas incumplidas que han acabado convirtiendo la resignación en costumbre. Por eso resulta especialmente decepcionante la respuesta del Gobierno a la iniciativa presentada en el Senado para recuperar la llegada del tren al centro de la ciudad.
La propuesta socialista confirma lo que muchos temían. Mientras se anuncia la modernización de la línea y la sustitución de los convoyes más antiguos, algunos fabricados en los años sesenta, se descarta de facto la restitución del servicio ferroviario hasta la estación histórica. En su lugar aparecen estudios, análisis, alternativas y hasta la posibilidad de convertir la plataforma ferroviaria en un corredor para autobuses eléctricos.
Resulta difícil comprender semejante planteamiento. El Gobierno parece dispuesto a invertir en trenes nuevos para una línea a la que niega precisamente aquello que le da sentido en una ciudad: llegar al centro. Modernizar el material móvil mientras se renuncia al trazado original es aceptar el fracaso como solución definitiva para León.