Los incendios forestales dejan imágenes devastadoras de llamas, evacuaciones y hectáreas calcinadas, pero hay un daño mucho menos visible que también merece atención: el que respiramos. Los elevados niveles de ozono y partículas registrados estos días en El Bierzo, consecuencia del humo acumulado y de unas condiciones meteorológicas desfavorables, obligan a recordar que un gran incendio no termina cuando se estabiliza el perímetro. Sus efectos continúan durante días y afectan especialmente a niños, mayores y personas con enfermedades respiratorias. Las recomendaciones de evitar esfuerzos al aire libre, cerrar ventanas o suspender actividades deportivas no son una exageración, sino una medida de protección sanitaria. A menudo prestamos toda la atención al avance de las llamas y olvidamos que la contaminación derivada de los incendios puede extender sus consecuencias a decenas de kilómetros, alcanzando a personas que ni siquiera viven cerca del fuego. Este episodio debe servir también para reforzar un mensaje de fondo. La lucha contra los incendios no consiste únicamente en disponer de más medios de extinción, sino en invertir en prevención, gestión forestal y concienciación ciudadana. Cada incendio evitado protege bosques, pueblos y también la salud de miles de personas.
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