Las cifras sobre lo que cobran de media agricultores y ganaderos en León vuelven a poner sobre la mesa una realidad incómoda: el esfuerzo del sector primario no se corresponde con la rentabilidad que obtiene. En un contexto de costes al alza –energía, piensos, fertilizantes, maquinaria–, los ingresos muestran una fragilidad que limita la capacidad de inversión y reduce márgenes hasta niveles críticos. No se trata solo de una cuestión coyuntural, sino de un problema estructural que afecta a la viabilidad de muchas explotaciones, especialmente las familiares. La desigualdad entre producciones, tamaños de explotación y zonas agrava el panorama. Mientras algunos modelos más intensivos o integrados resisten mejor, buena parte del campo leonés depende de precios volátiles y de ayudas que amortiguan, pero no corrigen, el desequilibrio. La consecuencia es conocida: envejecimiento del sector, dificultades para atraer jóvenes y abandono progresivo de actividad en áreas rurales ya tensionadas demográficamente. Si se quiere preservar el papel estratégico del campo –económico, social y territorial–, es imprescindible avanzar hacia una cadena de valor más justa, con precios que cubran costes y generen renta digna. Sin ello, cualquier discurso sobre sostenibilidad o futuro rural quedará vacío.
Rentas agrarias bajo presión
Los ingresos medios del campo leonés evidencian una brecha estructural que amenaza la continuidad de algunas explotaciones y el relevo generacional, aunque tampoco justifica determinadas protestas
21/01/2026
Actualizado a
21/01/2026
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