Llegó , al fin, la jornada de reflexión. Quizá nunca había sido tan necesaria como en esta convocatoria de las elecciones generales, ya que precisamente reflexión se puede decir que es lo que menos ha habido en la campaña que anoche terminó. Ha sido una campaña dura, extraña para muchos españoles, los de la mayoría de las comunidades autónomas, que nunca habían tenido que votar en pleno verano. Con las salvedades propias de cada circunscripción, lo cierto es que el voto por correo apunta a especialmente decisivo en las votaciones de este domingo, puesto que se ha incrementado muy notablemente su solicitud debido a las fechas en las que el presidente del Gobierno decidió convocar las elecciones. Ha sido una campaña de poco debate y mucha bronca, o al menos de más bronca que debates. Los televisivos han estado marcados por presencias y, sobre todo, ausencias, y se ha vuelto a demostrar que sirven básicamente para retroalimentar a los votantes con la decisión que en la mayoría de los casos ya tenían tomada. Los pactos derivados de las municipales han ido llegando, como preveía Sánchez, y todos los partidos han tenido que retratarse aunque no lo quisieran, dejando por el camino al electorado mensajes mucho más claro que los que quieren lanzar los líderes en los mítines. España se la juega y León debe decidir si para su representación en el parlamento quiere a los grandes partidos o a la UPL, que llega con la inercia del pasado 28 de mayo.
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